Gia negó con la cabeza. —No, nada malo, es que estoy muy feliz, que no puedo expresarlo —susurró balbuceante. —También estás llorando papá —advirtió Lionel. Claro, para Joaquín ver a Gia con los niños, saber que los pequeños estaban en brazos de su verdadera madre, también lo conmovió, hasta el punto que el corazón se le estremeció y no pudo contener las lágrimas. —Es que somos un par de sentimentales. —Ladeó los labios. —¿Por qué están tan felices? —preguntaron a duo los mellizos, miraron a sus padres con atención. —¿Se van a casar? —indagó Lionel. Joaquín presionó los labios, abrazó por la cintura a Gianna. —Es posible. Los mellizos se observaron a los ojos, sus miradas se iluminaron, sus labios esbozaron una amplia sonrisa. —Sería genial, entonces: ¿Te convertirás en

