La hacienda Rossi se hallaba decorada para la gran fiesta, había en una enorme mesa, varias tablas con uvas, carnes frías, en otra mesa en varias canastas de mimbre habían colocado botellas de vino, de su mejor colección. Los viñedos estaban cargados de racimos de uva, listos para ser recolectados, hermosas lámparas nocturnas estaban colocadas en lugares estratégicos, para alumbrar toda la hacienda en la noche. Los empleados corrían de un lugar a otro ultimando detalles. —¿Por qué Gianna no llega?, ¿quién se hará cargo del menú? —preguntó Franco a su esposa—. Por cierto, ¿a dónde fue? —indagó, y miró con atención a su esposa. Susan se mordió los labios, se aclaró la garganta, lo agarró del brazo. —Recuerdas que hace años, evitaste que me regresara a Estados Unidos, porque me robas

