Joaquin y Gianna se olvidaron del mundo exterior, disfrutaban de los besos que se daban, descansaban segundos, respiraban y volvían a comerse la boca. —Me encantas —susurró él, le mordió con delicadeza el labio inferior a Gianna. Gianna se aferró al cuello de Joaquín, su cuerpo vibró cuando él le mordió el labio, jadeó bajito. —También me gustas, pero no quiero lastimar a los niños. —Creo que ya somos adultos, aunque a veces nos comportamos más inmaduros que mis hijos. —Sonrió, hizo un mechón del cabello de Gianna hacia atrás—, quizás, podríamos intentarlo, sin decirles nada. Gianna sintió un estremecimiento en el corazón, se reflejó en la mirada sincera de él. —No quisiera perder tu amistad, ni alejarme de ellos. —Entonces acepta mi propuesta, seamos más que amigos, así la s

