Al día siguiente Gianna, Joaquín y los niños, compartían el desayuno con los padres de ella, los demás miembros de la familia, aún descansaban luego de la fiesta de la noche anterior. —Espero vuelvan pronto —dijo Susan, miró a los niños con ternura, sintió una opresión en el pecho. —Son bienvenidos en esta casa —añadió Franco, también los contempló con calidez. —Muchas gracias, nos gustó mucho estar en esta hacienda —expresó Luisana. —Quisimos jugar con la duquesa, pero su dueño, es muy celoso —rebatió Lionel. Franco y Susan rieron. —Pues si nos visitan más seguido podemos conseguir un cachorro para ustedes —informó Franco. Los niños se miraron entre ellos, y ambos dibujaron una amplia sonrisa. —¿En serio? —preguntó Lionel. —Claro, esta hacienda es muy grande, además su ab

