—No se preocupe, lo comprendo señor Rossi, me quiere a kilómetros —dijo Marypaz relajada, no se iba a morir porque no los contrataran—, de pronto sigo los pasos de Nerón e incendio todo Roma una vez más. —Soltó una risotada—, tranquilo, que cuando me invite iré de visitante y no como profesional. —Irguió la barbilla—, más tarde les enviaré las fotos. —Se retiró. —Eres un maleducado, ella siempre ha sido atenta, y tú prácticamente la rechazaste —recriminó Susan. Franco arrugó el ceño. —Susan, esa muchacha podría poner en peligro nuestro secreto, se ve bastante curiosa, además es prima de Joaquín, y lo que estamos investigando es delicado, se trata del futuro de nuestra hija, y de nuestros posibles nietos, comprende. Susan frunció los labios. —Lo comprendo, pero ella solo iba a hac

