La pareja salió del consultorio, lo descubierto así como les trajo paz, también removió muchas cosas en ambos. —No me gustaría que tuvieras problemas legales —expuso Gianna, lo observó a los ojos, tenía la mirada cristalina. Joaquín le acarició la mejilla, la contempló con ternura, maldijo en su mente haberla hecho suya en el pasado de esa forma, Gianna no merecía eso, tenía el corazón apretujado. —Tranquila. —Carraspeó, se quedó en silencio. —¿Qué ocurre? —indagó Gianna, alargó un suspiro—, te siento extraño, ¿sucede algo malo? —Tenemos que hablar de lo qué pasó esa noche —solicitó Joaquín. Entonces tomó la mano de Gia la llevó con rapidez y mucho sigilo al auto, ella se escondió para no ser vista, y él condujo por las calles de Roma, pasaron comprando comida china y la llevó a

