Joaquin frunció el ceño, sacudió la cabeza, parpadeó, se quitó el preservativo, lo tiró en un tacho, se volvió a subir los bóxeres y el pantalón, se puso de pie, que ella saliera corriendo de esa forma no le agradó en lo absoluto, no después de lo que acababa de ocurrir, cuando él pensó que había una posibilidad para empezar de cero, ella destruía sus ilusiones. —El amor es una mierd@ —susurró. Decepcionado se acomodó la ropa, volvió a la fiesta, miró a sus hijos sentados alrededor de una mesa acompañados de Georgina, quién estaba impaciente, debía ir a verificar que su invitado no hubiera escapado. —¿Por qué demoraron? —recriminó, el tono de su voz era de ansiedad. —¿En dónde está Gianna? —No lo sé —contestó Joaquin con seriedad, miró a sus pequeños con ternura, y sintió en el alma t

