—Por supuesto —contestó Franco. —Venga por aquí —solicitó Abel, lo llevó al jardín de la parte posterior frente a la piscina, para hablar con calma, tomaron asiento en unas sillas frente a una mesa, una de las empleadas trajo café, y limonada. —¿Qué desea tomar? —Café está bien, me gustó mucho el aroma y el sabor —expuso con sinceridad. —Es muy amable, Gianna me obsequió unas botellas del vino que ustedes fabrican, déjeme decirle que soy conocedor de la materia, y me ha gustado bastante. —Qué bueno, precisamente vine a ver si podía hacer negocios por acá. —Lo puedo presentar con varios amigos, sin embargo, no lo hice venir para hablar de negocios, aunque el tema es interesante, quiero avisarle que en siete días tendremos los resultados, por lo que le pido total discreción. Franco

