—¿Estás bien? —preguntó Joaquin, cuando observó la cara de desconcierto de ella. La respiración de Gianna aún era agitada, su mente era un caos, eso no podía ser posible, ¿o sí? ¡Era una locura! Y se quedó en silencio, no quería decirle nada, hasta tener las pruebas de ADN si los niños eran hijos de Joaquín y de ella, ambos habían sido víctimas de un trampa, o de un sucio juego y no se iba a quedar de brazos cruzados, los culpables iban a pagar caro. —Todo bien. —Sonrió—, es tarde, debo irme. —Acarició la mejilla de él. Joaquin arrugó el ceño, la miró extrañado. —¿Irte? ¿Por qué? ¿No quieres pasar la noche conmigo? —cuestionó, volvió a besarla. Gianna cerró sus ojos, correspondió a los besos de él, de nuevo se estremeció. —Es una propuesta muy tentadora, pero no sé si estoy

