**BASTIAN** La lluvia de Chicago golpeaba los ventanales de mi oficina con una persistencia metódica, un eco rítmico que encajaba perfectamente con el silencio gélido que reinaba entre nosotros. Frente a mí, Isabelle no parecía la mujer con la que había compartido cinco años de mi vida. Parecía una extraña, una actriz que finalmente se quitaba la máscara de esposa perfecta para revelar un rostro cargado de un desprecio que yo no había sabido calcular. —Se acabó, Bastian —dijo ella, dejando los papeles del divorcio sobre mi escritorio de mármol n***o con una delicadeza insultante—. No puedo seguir viviendo en esta tumba de cristal. No puedo seguir intentando calentar a un témpano de hielo como tú. No me moví. Ni un solo músculo de mi rostro traicionó el vacío que empezó a abrirse en mi p

