CAPÍTULO VEINTIUNO A Mackenzie no le resultó muy sorprendente averiguar que la casa en la que ella había vivido de niña hasta los once años estuviera abandonada. Por el aspecto que tenía, había sido abandonada hacía bastante tiempo. Se preguntó si alguna otra familia se había molestado en ocupar el lugar después de que se mudara su familia hacía casi veinte años. De hecho, la mayor parte de la población de Belton tenía aspecto de haber corrido la misma suerte. Nunca había sido una localidad grande, llegando a tener una población de poco más de dos mil habitantes cuando Mackenzie era una niña. En su camino a través del pueblo, habían pasado múltiples negocios con ventanas cubiertas por tablas y por signos de Se Alquila. Solo seguían funcionando unos cuantos lugares: la tienda de ultramari

