Luego de aquella interacción intensa frente al cuerpo del pecado que era Angelo Queen, su mente no había dejado de repasar cada movimiento. La imagen de su torso desnudo, cubierto de sudor, con los tatuajes recorriendo su piel como mapas ocultos, despertaba en Ginevra algo que no había sentido con tanta fuerza desde hace demasiado tiempo. Las gotas de sudor deslizándose lentamente sobre sus músculos, la tensión en cada fibra de su cuerpo mientras entrenaba, la forma en que su pecho subía y bajaba con el esfuerzo... todo estaba impreso en su mente. No podía dejar de pensar en cómo él se movía, con la fuerza y control de alguien que dominaba todo a su alrededor. De regreso en su habitación, Ginevra cerró la puerta apresuradamente, intentando contener ese deseo que había nacido en su inter

