Casados. La idea ni se había asentado bien en su cabeza cuando ya habían pasado. Sí, estaban casados. Aquella mañana ella se despertó como cualquier otro día, evitando pensar en lo que pasaría, y mucho menos hizo ningún intento de imaginárselo. Y cuando menos se lo esperó, alguien tocó a su puerta, la llevaron hasta el despacho de Angelo… y bastó una firma. Nada más. Estaban casados. Se quedó de pie en el despacho, sus ojos encontrándose con la mirada fría de Angelo mientras los otros dos hombres salían. —¿Qué sigue ahora? —pregunta Ginevra. Deseaba saber más de ese plan o la razón detrás de que él decidiera casarse con una recién llegada desconocida. Porque, era bastante obvio, Angelo no deseaba aquella unión. —¿Qué esperas que siga? —¡Pues no lo sé! Es la primera vez que me

