—Aún no tomas nada—dice Angelo cuando llega hasta ella. —Es difícil comprar algo cuando estos hombres…—ella mira hacia ambos lados—no dejan de seguirme muy de cerca. —Es por tu bien—responde Angelo—. Y no está cerca. —No, claro que no. Vigilas que no pueda escapar. —¿Es que lo has pensado? —pregunta, mirando unos pijamas colgados a un lado—. Seguro que ya se te ha cruzado el pensamiento. —Ya he visto todas las salidas viables, el tiempo que me tomaría distraerlos y luego el tiempo que tardarían en darse cuenta, lo difícil sería deshacerme de ti… Pero eso se podría arreglar. —¿Sí? Cuéntame un poco—preguntó, interesado. —Iría al baño, tardarían un buen tiempo, luego tomaría otra ropa, probador, enviarte a buscar algo, no me escaparía allí, solo te estoy distrayendo. Luego unos

