No le quedó de otra más que volver sin Greta Greco. Angelo Queen estaba sentado frente a Giulio Salvo y su padre. A pesar de la apariencia refinada del lugar, la tensión era evidente, como si el aire mismo estuviera saturado de electricidad. Angelo se cruzó de brazos, observando a los dos hombres con una expresión impenetrable. Sabía que la situación no era ideal; Greta, la hija del señor Salvo y esposa de Simone Greco, había escapado antes de que pudiera utilizarla como moneda de cambio en estas negociaciones. Sin embargo, no podía permitirse mostrar debilidad. —No tomará participación en esta guerra contra Simone Greco—dijo Angelo, sin rodeos—. Porque si lo hacen, serán considerados enemigos de Palermo. Y créanme, no es algo que quieran. Giulio Salvo, el hijo, se removió en su sil

