Aún podía escuchar sus gemidos resonando en su mente, el sonido de su respiración entrecortada llenaba el silencio de la habitación. Se quedó de pie junto a la cama, observándola. La luz natural resaltaba la forma de su cuerpo desnudo, sus pechos subiendo y bajando con cada inhalación pesada, sus pezones húmedos y brillantes por la leche que aún goteaba suavemente. La imagen era perfecta, una visión que lo atormentaría. Por un momento, el impulso de quedarse y tomarla por completo lo recorrió como un rayo, pero se contuvo. No era el momento... no aún. Apretando la mandíbula, Angelo dio un paso atrás, permitiéndose un último vistazo antes de girar sobre sus talones y salir de la habitación. Mientras caminaba por el pasillo hacia su propia habitación, sentía su erección latir con fuerz

