Angelo siempre debía tener todo bajo control. Cada cita con Luna estaba perfectamente planeada, desde la hora exacta de la reserva hasta el vino que pedirían. Para él, todo debía seguir un esquema. Pero Luna... Luna no era de ese tipo. Ella era la antítesis de su meticuloso plan. Esa noche en Chicago, él había preparado una cena en un restaurante de lujo. Tenía la reserva lista, había elegido el lugar perfecto para una noche especial. Pero ella lo desarmaba con solo una sonrisa, y mientras caminaban por las calles, ella le lanzó la mirada de quien ya tenía algo mejor en mente. —¿A dónde vamos? — preguntó, su tono sonando casual, como si realmente quisiera saber. Angelo se enderezó, como siempre hacía cuando estaba seguro de sí mismo. —Tengo una reserva en Le Ciel. Todo está listo. Ce

