Renata llevaba consigo algunas bolsas de tiendas de lujo, pero la compra de ropa para su cuñada, Ginevra, y el pequeño Massimo, su sobrino, no era lo que realmente la tenía entretenida. En el fondo, era otra forma más de jugar con Luca, de mantener la tensión, de desafiarlo incluso cuando estaban en territorio familiar. —Sabes —dijo Renata mientras ajustaba las gafas de sol en su rostro—, a veces pienso que mi hermano te tiene más miedo a ti que a mí. Tal vez porque en el fondo sabe que no puede controlarme, pero contigo... contigo lo tiene fácil, ¿no? Un buen perro guardián, obediente. Luca la ignoró, o al menos fingió hacerlo. Su postura firme y el rostro impasible no mostraban señales de incomodidad, pero Renata sabía que lo había tocado. Llevaba mucho tiempo provocándolo, desafiándo

