Esa noche, Alessandra se encontraba sentada en su despacho privado, un lugar apartado de la mansión, casi oculto, donde solía llevar a cabo sus reuniones más importantes. El ambiente era oscuro, las luces suaves apenas iluminaban las paredes decoradas con pinturas clásicas y antiguas reliquias familiares. Tenía una copa de vino frente a ella, pero apenas había dado sorbos, su mente estaba demasiado inquieta como para disfrutarlo. Había mandado llamar a su consigliere, Marco Salieri, un hombre que había estado a su lado durante décadas. Fiel, eficiente, y discreto. Marco nunca la había traicionado, ni en palabra ni en acción, y ahora más que nunca necesitaba su consejo. —Alessandra —la voz de Marco la sacó de sus pensamientos cuando entró al despacho. Cerró la puerta con cuidado antes d

