Momentos que parecen irreales.

2615 Words
Cuando llego me encuentro un maldito carro en mi lugar, agregando más mal humor a mi día, el chofer me deja en la entrada para buscar un lugar adecuado y cercas de la entrada. Lo primero que veo son personas con telas y flores ¿Cuándo mi edificio se convirtió en un circo?. —¿Por qué están estas personas aquí?— le pregunto molesto a la recepcionista. —No pudimos detenerlas. —¿Por qué?— pregunto a punto de explotar. —Al parecer son trabajadores de la empresa del último piso. —Intenta mantener el control. —Eso tratamos, pero… —Pero— le contesto de mal humor. —Tienen una persona que los guía asi como nosotros y se nos amenazó… —No quiero saber nada más. Sabía, sabía que el tener a otra gente en mi edificio traería problemas, pero que mierda se creen para amenazar a mi personal. Cuando llego al elevador privado me encuentro con un estúpido letrero que dice que es solo para el personal y clientes del grupo Thompson, arranco el letrero que tapa el mío y me lo llevo, el dueño tiene que estarme jodiendo, ¡Adorno mi puto elevador!. Entro a mi oficina y se escucha que están moviendo algo, ¿Desde cuándo las paredes se volvieron tan delgadas?, Intento trabajar, pero el maldito ruido sigue, debo de comprar ese maldito piso sí o sí. —Cancela las citas de hoy, tengo que arreglar unos detalles. —Si señor Monroe. Me llevo el letrero que arranque, quiero lanzarlo a su cara y decirle que se largue, presionó el botón para ir un piso más arriba, en cuanto se abren me recibe un tipo que le hace falta clase. —Bienvenido al grupo Thompson, ¿Cómo puedo ayudarle?. —Vengo a ver al dueño. —¿Tiene cita?. —Sí— le miento sé cómo se maneja. —¿1:30?. —Asi es. —Permíteme un segundo. Me pongo a mirar el desastre que han hecho con el piso, está lleno de azules en diferentes tonos, pero tiene una distribución perfecta, no es tan desastroso después de todo, se ve incluso más grande. —Sígame por favor. Sale del mostrador y me doy cuenta de que trae shorts ¿Quién mierda viene a trabajar con shorts? ¿Qué esta empresa no tiene código de vestimenta?. Ten paciencia Elijah no sabemos con qué tipo de gente nos encontraremos, tenemos que ser tolerables y razonables. El recepcionista abre la puerta y una mezcla de música y gemidos me espera, solo sonríe señalando la silla. —Tome asiento, en un momento sale, ¿Quiere algo de beber?. —Asi estoy bien. —Con permiso. La espera se me hace eterna, definitivamente se está convirtiendo en un circo, si esto se llega a saber caerá el prestigio de la torre K, junto con el mío. La puerta corrediza se abre y sale una mujer seguida de un hombre, llenos de pintura y la ropa mal acomodada, pero eso sí, con una sonrisa que dice acabo de tener sexo. —Buenas tardes, señor… —Aquí tienen sus pagos— dice la voz de una mujer. Una corriente eléctrica recorre mi cuerpo cuando veo salir aquella mujer, sonriendo como nunca, con unos sobres en la mano, mi cerebro no lo puede entender, ella murió. La miro de arriba a abajo, detallando todo su cuerpo, su cabello agarrado con unos pinceles sosteniéndolo, es ella, maldita sea es ella. —Espero nunca volvernos a ver— les dice sonriendo. —Fue una increíble experiencia— le dice la mujer. —Recuerden sus contratos. Los guía a la puerta y me le quedo mirándola asegurándome que mi mente no juegue conmigo otra vez, tengo que asegurarme. —¿Ana?— pregunto y me ignora —¿Keres?. —¿Nos conocemos?— me pregunta sonriendo, entonces eres Keres —Toma asiento. —Gracias. ¡Mierda, Mierda, Mierda! —Ok, comencemos ¿Cuántos años tienes?— me pregunta. —29— ¿Por qué no me reconoce?. —Donde están. Comienza a buscar algo y no puedo evitar mirarla, no sé cómo me estoy conteniendo para abrazarla, la veo limpiarse los restos de la pintura y mi cerebro logra funcionar, estaba teniendo sexo, ella es la dueña y estaba teniendo ¡SEXO!. —Lo siento— me dice y suelta su cabello. —¿No te molesta traerlo suelto?. —No— se ríe —Tú no eres mi cita de la 1:30. —Lo soy. —No, recuerdo bien los rostros, además la edad no es la misma y el género tampoco. Su expresión se volvió fría, en el momento en el que se dio cuenta de que mentí, parezco un mocoso que no sabe que hacer, pero de algo estoy seguro no la dejaré ir. —Mila— dice por teléfono ¿Cuándo mierda lo hizo?. —¿Por qué tengo a un hombre de dudosa procedencia en mi oficina?— dice molesta sin dejar de mirarme —No, no es alguien con quien tuve sexo, no tampoco va a trabajar conmigo. Se queda callada mirándome y me quedo como una estatua, sexo, dudosa procedencia, esta… —Despídelo, no, no me interesa— mierda —Ok, pero sí vuelve a pasar de ira. Cuelga la llamada y se acomoda en su silla, esta no es la Keres que recuerdo, aún no comprendo como está viva, pero joder, estoy tan feliz y un poco escéptico con lo que está pasando. —¿Por qué tienes mi letrero en tu mano?.— pregunta molesta. —Esto— lo pongo en su escritorio —Estaba en mi elevador exclusivo— no seas un idiota. —Lo sé, pero en el contrato dice que ese elevador es mío y los tuyos son los 5 restantes. —Imposible, jamás me notificaron de eso. —No me interesa, si quieres un elevador “exclusivo” usa uno de tus cinco. —Puede ser, pero me gusta el que ya tenía, incluyendo este piso. —¿Quién eres?. —Elijah Monroe, CEO de empresas Monroe. —Keres Thompson, CEO del Grupo Thompson— ¡es ella joder!. —Es un gusto conocerte. —Diría lo mismo, pero no es asi, ¿Cómo te puedo ayudar?. —Quiero comprar el piso. —No está a la venta —Ofrezco el doble. —No. —El triple. —No. —Cinco veces lo que pagaste por él. —Elijah— me gusta como pronuncia mi nombre —Asi me des 100 veces su valor, no te lo vendería, e incluso si estuviera tampoco te lo vendería. —¿Por qué?. —Porque no lo quiero vender y si estuviera no lo vendería a alguien como tú. —¿Qué tengo de malo?. —Apestas a alcohol. —Tú a sexo. —Te crees el dueño del edificio. —Lo soy. —Casi, pero no. —Si me vendes el piso lo seré. —Eres un prepotente. —Tú no estás lejos. —Psicópata de mierda. —Maldita desquiciada. —Como si me importara tu opinión. —Te importa. —Un carajo. —¿Quieres ir a comer?. —Por ti, estoy a dieta. —Tres millones si comes conmigo. —Cinco y yo elijo el lugar. —Trato. —Yo conduzco.— me dice sonriendo. —¿Lista?. —Siempre. Se para y agarra su bolso, no sé qué mierda acaba de pasar, pero no quiero parar. Abre la puerta y la sigo como el idiota que soy cuando estoy con ella. —¿A dónde vas Keres?. —Mila, iré a una comida de negocios con el CEO de la empresa de abajo. —¿Y tus citas?.— pregunta la tal Mila. —Cancélalas, no sé si regresare, estás a cargo.— le dice y se cierran las puertas del elevador. Tengo tantas preguntas para hacerle, tanto que quiero saber de ella, pero sé que me tengo que controlar algo, me dice que no puedo hablar sobre el pasado con ella, tengo que averiguar como es que está viva y porque no me recuerda. —Verme de esa forma me provoca partirte la cara joder. —¿Eres de aquí?. —Tal vez sí, tal vez no.— me quita el letrero que no sabía que traía, estoy seguro de que lo puse en su escritorio —No vuelvas a tocar mis cosas.— lo pone en su lugar. —¿Qué puedo hacer para que me vendas el piso?. —Dame tu empresa.— me dice sería y después se ríe. —Si lo haces, tal vez considere la idea.— vuelve a decir sería. Salimos del elevador y caminamos al estacionamiento. —¡Ese es mi sitio!. —No, es el mío, toda esa hilera y la dé al frente es mía. —¿Sabes manejar?. —Averígualo. Es más difícil del recuerdo que tengo sobre ella, pero no veo a una Keres herida ni con traumas, veo a una Keres que sonríe, veo a la Keres que quería que fuera, libre y feliz. —¿Todo bien con tu cerebro?, Pareces quedarte en el limbo, puede ser malo, debes ir al médico. —Te aseguro que toda está bien.— la miro —Impresionante manejas estándar. —Son mejores que los automáticos, ¿Qué manejas?. —GLS SUV, automática pero potente. —Y cara. —¿A dónde iremos a comer?. —¿Comes de todo?. —Eso creo. —Perfecto, iremos a carl´s jr. —¿En serio?. —No, es broma— se ríe —Iremos a un pequeño restaurante, ya casi llegamos. —Háblame de ti. —¿Por qué debería de hacerlo?. —Para que no seamos extraños. —Entonces, ¿Qué quieres saber?. —Algo que me intrigo cuando te conocí, eres joven, pero puedes comprar un piso de millones asi que… —¿Cómo es que tengo el dinero?. —Sí. —Herencia y negocios. —¿Tu familia es de dinero?— imposible. —Era, mis padres murieron cuando era joven, asi que como única heredera me toco administrarla y multiplicar ese dinero. —¿A qué se dedicaban tus padres?. Es imposible, me está mintiendo, su madre aún trabaja para mí. —Eran médicos. —Lamento tu perdida— miento —¿Fuiste feliz?. —Claro, pase tiempo sola después de su muerte, pero mis padres me dieron todo lo posible para ser quien soy ahora. —No todos tienen una infancia feliz.— le digo. —Lo sé, lastimosamente el mundo es una mierda. —¿Cómo eras a tus 17 años?— estuvo en la cárcel. —Normal, estudie la preparatoria y de ahí tuve una temporada de viajes, por lo que la universidad quedo fuera de mi vida. —¿Tus padres no dijeron nada?. —No. —¿Has estado en la cárcel?. —Tus preguntas son raras, pero si he estado en la cárcel.— te tengo. —¿Por qué?.— te tengo, solamente estás actuando. —Bueno— se suelta riendo —A los 19 fui detenida por tener sexo en el carro, algo de indecencia pública. —¿Tu novio no impidió que te llevaran?.— sé que me mientes. —¿Por qué asumes que es un chico?. —Pues mire salir a uno de tu oficina. —Era una chica y si hizo, pero resulto peor nos esposaron y terminamos dos días en una cárcel en el extranjero.— me mira —Parece que quisieras confirmar algo. —Para nada— miento —¿Y a que se dedica empresas Thompson? Nunca había escuchado de ella. —Es nueva en el mercado, tiene al rededor de un año, la empresa se divide en dos ramas, la principal es la planeación de eventos exclusivos. Trabajamos solo para la elite, nos destacamos por ser extravagantes y únicos, cosa que les gusta a los ricos, no todos pueden pagar por lo que es más exclusiva y selectiva. —Y la segunda. —Es una editorial, es más reciente que la primera rama, pero ha generado buenas oportunidades en el mercado y poco a poco nos hemos ido posicionando en el mercado. Nos distinguimos de otras editoriales, porque uno es una empresa sustentable, dos nuestros escritores son únicamente de plataformas de lectura, por lo que damos oportunidades a personas que otras editoriales no tomarían en cuenta. —Parece que encontraste tu nicho de mercado y lograste lo que muchos no. —Lo sé.— dice —Llegamos. Me perdí tanto en la plática que no me di cuenta de que se estacionó, intento bajarme antes que ella para abrir su puerta, pero esa mujer es rápida. Miro el lugar y parece sencillo, no tiene mucha gente, pero parece hogareño, Keres camina y abre la puerta, de una forma tan natural, como si ese lugar fuera de ella y de nadie más, es perfecta de pies a cabeza. —¡Keres!— le dice un hombre desde la cocina —¿Por qué no me dijiste que vendrías?. —¿Y arruinar la sorpresa? Eso no— la abraza, sus manos están muy abajo —Te presento a…— se me queda mirando —¿Cómo te llamas?. —Monroe, Elijah Monroe.— le digo molesto. —Gusto en conocerte Elijah— me da la mano y lo saludo muy a mi pesar. —¿Está libre mi mesa?. —Cariño, tu mesa siempre está disponible.— le da un beso, hijo de… —Vamos Elijah, mi mesa tiene la mejor vista. —Te sigo— le digo serio. Subimos unos escalones y lleva a la segunda planta, donde solo hay dos mesas, el hombre le mueve la silla para que se siente, y yo siento que me lleva la fregada, ese debería de ser yo. —¿Lo mismo de siempre?. —Claro. —¿Y para ti Elijah?. —Lo mismo que ella, confió en sus gustos. —Dos lasañas entonces. El hombre le guiña el ojo y se va, debo de controlarme, tengo que hacerlo, no quiero meter la pata con ella otra vez, porque no creo que exista otra oportunidad. —¿Es tu novio?. —¿Él?— se ríe —No, solamente es un amigo, te encantara su comida, es el mejor chef. —Eso espero, soy un poco exigente para la comida. —Se nota, pero te gustará— me dice —Iré al tocador, ahorita regreso. —Te espero. Agarra su bolso y se lo lleva, en cuanto se va aprovecho para hacer una llamada. —Jasón está viva— le digo en cuanto contesta. —¿Quién está viva?. —Ella, Keres está viva. —Te dije que no tomaras tanto, siempre pasa lo mismo, murió Elijah. —Está viva, es la dueña de empresas Thompson, lo raro es que no me conoce. —Porque no es ella. —Te estoy diciendo que es ella. —Elijah ella murió, se dio un tiro, nadie sobrevive a eso, tú mismo me dijiste que… —¡Que es ella joder!. —Hablaré con Tabita, ¿Dónde estás?. —Salí a comer con ella. —Mándame tu ubicación, mandaré por ti, no estás bien. —Vete a la mierda— le digo enojado y cuelgo. Miro la hora y me doy cuenta de que se tardó, mierda ¿y si le paso algo?, vamos a buscarla. —Keres ¿Estás bien? Té… —Ahorita subo— me dice para seguir cogiendo con el chef. Me importa una mierda, agarro su bolso y me la llevo de ahí.
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