Melody. El día de hoy ha transcurrido con una lentitud casi agónica. Las clases se sintieron monótonas, carentes de ese rigor académico que suele mantenerme alerta; incluso los profesores parecían haber bajado la guardia, permitiendo que el ambiente se sumergiera en un aburrimiento generalizado. Cuando finalmente sonó el timbre que anunciaba el fin de la jornada, sentí un alivio genuino. Me dirigí a mi casillero con la intención de guardar mis libros y salir lo antes posible, pero el destino tenía otros planes. Al llegar, me encontré con la presencia ineludible de Stefani. Alta, rubia y con esa belleza gélida que la ha coronado como la chica más popular —y temida— de la universidad. Estaba apoyada justo al lado de mi casillero, flanqueada por sus dos sombras de turno. —Vaya, vaya... per

