Pov Valeria. Me siento en la cama desorientada. Aún se puede percibir el olor a sexo en el ambiente. Las sábanas están totalmente desordenadas y una leve luz se filtra por la ventana que da a la calle. Camino descalza con las manos temblando y me asomo para ver si veo su auto, pero no está tampoco. Llevo las manos a mi rostro y lo estrego tratando de contener las lágrimas que amenazan con salir, pero es inútil enseguida empapa mis mejillas. «Soy una idiota», me repito una y mil veces en mi cabeza. Unos minutos después, convencida de que tengo que tomar mi dignidad e irme, me pongo la ropa interior para después entrar al baño a asearme. Pensaba en cepillarme con la yema de mi dedo índice pero al percatarme de que hay un cepillo con crema de diente y un pequeño recipiente con enjuague bu

