Pov Valeria. El rostro de William es un poema de colores, pasa de rojo a blanco pálido y, el de mi madrastra y hermana ni se diga. Ambas se quedan mirándome de arriba abajo como si yo fuera un fantasma, un fantasma del pasado que las hace temblar. «Y debería» Porque ellas también son las culpables de mi pasado y aunque no soy una fantasma prometo ser su peor pesadilla. —Valeria… —tartamudea—, ¿qué haces aquí? —Me pregunta mirando de arriba abajo con sorpresa. Le sonrío con morbo aunque el estómago se me contrae, pero el perfume cítrico de Luisa me indica que no estoy sola, así que subo mi mirada para mirarlo retadora en el preciso momento que siento la imponente figura de Mattia pararse a mi lado. —¿No te dije William? Tú esposa trabaja para mí —dice Mattia de pronto mientras lleva u

