Pov Valeria. Siento como la sangre se me congela y la respiración se me acelera más y más al punto de creer que me dará un paro cardíaco. Intento protestar de nuevo porque sé que cuando se desate esto que siento por él no hay quien me pare, pero su dedo grueso y largo calla mis labios mientras musita un “shss” aprieto los ojos en el mismo momento que siento como me jala y me acuesta en la mesa de metal donde dejó las uvas hace un momento y, sin previo aviso sube mi vestido logrando mostrar mis bragas de encaje de color negra. —¡Oh por dios Valeria, estás demasiado mojada! —exclama sin ningún tipo de vergüenza—, hasta puedo ver la mancha húmeda en tu braga de encaje. El rostro se me tiñe de rojo y, aunque quisiera sentir miedo lo que logro sentir es todo lo contrario, entre una mezcla de

