Pov Luisa. Me hago un chongo mal hecho y camino a paso rápido a dentro de la mansión. Alessandro me ha estado mirando toda la puta noche como si quisiera comerme y, aunque me encantaría volver a probarlo debo confesar que me da un poco de miedo. «Es demasiado posesivo», y nadie me quita de la cabeza eso. Me recuesto de la isla de la cocina después de dejar mi copa de whisky y respiro profundo tratando de controlar mi corazón, pero es imposible, parece un puto tambor descompuesto que no deja de latir a mil por hora. —Calmate Luisa, es solo un hombre —me repito una y otra vez en voz alta. Tengo el rostro caliente y las piernas temblorosas. Además, las manos me sudan y presiento fielmente que sí seguimos con este juego s****l voy a salir lastimada. Alessandro parece un hombre de esos qu

