Días después.
El matrimonio de Harry es cada día más difícil y más luego de la celebración de su aniversario; Ruby quién ahora actúa de manera fría sin molestarse en ocultar el desagrado que causa el hecho de estar compartiendo la misma casa con su esposo.
Tan solo se cruzan un par de veces y cuando lo hacen ella no pierde la oportunidad para hacerlo enojar, Harry se encuentra completamente desesperado tanto así que pasa la mayor parte de su tiempo en el único refugio, sí con ello me refiero al interior de la oficina.
Harry se levantó de la silla tomando en su mano una taza con café, dio unos cuantos pasos cortos dirigiéndose hasta el enorme ventanal, en su rostro dibujó una baja sonrisa, era un día bastante lluvioso similar a aquel dónde se cruzó con Isabella.
Unos cuantos golpes a la puerta llamaron su atención, sin darse vuelta con su mirada fija hacia el vacío carraspeó la garganta.
—Adelante —dijo con su tono de voz baja y tranquilizante.
—Discúlpeme señor si lo molesto con mi intromisión —Harry negó con la cabeza para luego darse vuelta y fijar la mirada en su asistente personal.
—No molestas con tu presencia, todo lo contrario me da demasiado gusto ver a alguien como tú cerca de mí —ante aquellas palabras de Harry involuntariamente hizo que Ava de inmediato se sonrojara, dibujando una leve sonrisa frunció los hombros e hizo una mueca de ternura a su jefe.
—Gracias señor, es usted muy amable —levantó uno de sus brazos para luego acomodarse los lentes—. Le he traído los informes tal y como me los ha pedido, como siempre lo he hecho en menos tiempo del que usted me indica —dio unos cuantos pasos y los colocó sobre su escritorio.
»Si necesita algo más de mí le recuerdo que estoy a su disposición; sin importar si lo que necesite —agregó ella provocando que Harry se sintiera un poco incómodo.
Harry ante las palabras de su asistente pasó un gran sorbo, el cual provocó que tosiera un poco, sus mejillas se sonrojaron, no era para menos ya que a pesar de que él era el jefe no le quitaba el hecho de ser un hombre bastante tímido e introvertido, lo cual provocaba que cualquier mujer lo hiciera sentir incómodo.
—Gracias, pero por ahora es todo —habló Harry mostrando su cara larga, en cuanto a Ava ella se encontraba con su mirada perdida en el rostro de su jefe, las palabras de aquel hombre fueron en vano.
—¿Desea que me retire o necesita algo más? —preguntó aquella mujer y luego suspiró profundamente al observar sus labios.
—Sí Ava, bien pueda, se puede retirar —respondió Harry alzando su voz para que esta vez lograra entender aquella mujer.
Ava dibujó una leve sonrisa, inclinó la cabeza y luego se dio vuelta; al cabo de dar unos cuantos pasos en dirección de la puerta Harry tomó asiento y estando a punto de dar inicio a revisar los informes ella se detiene y giro bruscamente.
—Señor Harry —Él exhaló con fuerza y levantó la mirada fijándose en ella—. No es que yo sea una entrometida o algo similar, pero el día de ayer que usted me pidió que le acercara la agenda, sin querer encontré en la parte de atrás de las carpetas una pequeña cartera entre, solo quería decirle que no tome nada de su interior.
—Gracias Ava, he estado tan ocupado que ya había olvidado el lugar donde la había dejado —Harry se levantó tan rápido como pudo de la silla y se dirigió hasta el estante, estiró el brazo y sacó aquella pequeña cartera.
—¿Es de su esposa? —preguntó sin pensarlo dos veces, olvidando que él era su jefe.
—No —respondió Harry mientras que su mirada quedaba estática al recordar el rostro de Isabella, a pesar de que tan solo una vez la había visto aquella mujer no lograba salir de su cabeza.
—Al parecer tiene un gran significado para usted —Harry levantó la mirada y guardó silencio ante aquel ocurrente comentario—. Lo mejor es que me retiré.
Ava antes de ajustar la puerta de la oficina de su jefe le dio una última mirada a aquel hombre que hacía que su cuerpo se estremeciera con el simple hecho de estar cerca de él, mordió de sus labio inferior y entrecerró los ojos al imaginar que besaba sus labios.
Harry dio unos cuantos pasos alrededor de su escritorio mientras pensaba en lo que podía estar haciendo Isabella, la curiosidad por saber de ella y al mismo tiempo sintió fuertes ansias en ver a aquella mujer una vez más.
Además tenía la excusa perfecta para poder encontrarse con ella, eso sin hablar que tenía la dirección exacta del lugar donde ella posiblemente iba a estar. Estiró el brazo y tomó el saco, estando listo para salir la inseguridad se apoderó de él.
—¡Alto Harry, lo que vas a hacer es una locura! —exclamó alzando la voz reclamando a sí mismo por lo que estaba a punto de hacer.
Llevó las manos a los bolsillos y continuó caminando en círculos dentro de su oficina; a pesar de que sentía enormes ganas por volver a tener frente a frente aquella hermosa mujer, su inseguridad era aún más grande.
Luego de unos cuantos minutos más tarde se detuvo frente del escritorio, fijó la mirada en los informes y luego en aquella pequeña cartera; y finalmente aquel indeciso hombre se llenó de valentía y estirando su brazo tomó con rapidez aquella cartera.
La llevó dentro del bolsillo y fue directo a la puerta, al salir Ava se levantó de la silla y se dirigió hacia él dando pasos largos.
—No sé cuánto me vaya a demorar, así que por favor cancele la reunión —Ava asintió lentamente con su cabeza mientras se encontraba completamente sorprendida por lo que estaba presenciando.
—Me sorprende señor, durante todo el tiempo que he estado a su servicio nunca ha cancelado una reunión, ¿se encuentra enfermo o algo similar? —Harry negó con su cabeza mientras dibujaba una leve sonrisa en su rostro.
—Nada de eso, físicamente estoy tan sano como nunca antes, solo que he trabajado arduamente y no me he tomado ni el más mínimo espacio para hacer mis cosas personales, así que hasta mañana —Harry continuó con su camino yendo directo al ascensor, la mirada de su asistente personal se fijaba en él hasta que la puerta del ascensor se cerró y lo perdió de vista.
Al llegar al primer piso Harry fue directo a la puerta principal, donde le esperaba uno de sus colaboradores con la llave de su lujoso vehículo.
Con una sonrisa nerviosa subió al auto y se tomó un par de minutos para dar marcha, luego de debatirse en un duelo interior, encendió el motor y se dirigió hasta aquella dirección que se encontraba plasmada en la tarjeta de Isabella.
Yendo de camino sus manos completamente sudorosas al igual que su frente no dejaba de pensar que lo que estaba haciendo era una completa locura, pasaba saliva mientras que llegaba a su pensamiento que lo mejor era devolverse.
Al cabo de unos cuantos minutos más tarde el auto fue reduciendo la velocidad para luego detenerse frente del negocio para el cual trabajaba Isabella; estando allí su cuerpo completamente atrofiado impedía que Harry saliera de aquel lujoso auto y fuera en búsqueda de ella.
Unos cuantos golpes en el vidrio del auto hicieron que diera un pequeño salto, giró la cabeza y puso la mirada en una sonriente mujer, cuidadosamente Harry presionó el botón del vidrio eléctrico.
—Buen día estimado señor, mi nombre es Kristen, y si lo que busca es vestir de manera cómoda, elegante y por supuesto con trajes muy finos, le aseguro que se encuentra en el lugar indicado —ante la amabilidad de aquella mujer Harry dibujó una leve sonrisa nerviosa en su rostro.
A pesar de que había ido hasta qué lugar únicamente para encontrarse de frente con Isabella, no tenía el valor suficiente para preguntar por ella, así que tomó aire profundamente y pasó saliva.
—Buen día señorita, muchas gracias por su ofrecimiento y por supuesto estoy interesado en ver sus trajes —Harry colocó la pequeña cartera dentro de su bolsillo para luego bajar de su lujoso auto.
—Me alegra mucho tener el gusto de atender a un cliente tan fino y reconocido como lo es usted, siento mucho ser tan indiscreta, pero su rostro de manera frecuente lo veo en los periódicos —Harry abrió los ojos como un par de platos—. Pero son solo noticias buenas —agregó Kristen.
»En verdad lo admiro señor y más luego de haber leído que usted es uno de los empresarios que más dinero dona a los orfanatos —los elogios por parte de ella hicieron que Harry se sintiera incómodo.
—No es nada, solo trato de hacer lo mejor posible para ayudar a quien más lo necesita —respondió mientras que su mirada iba de un lugar a otro tratando de buscar a la mujer que no salía de sus pensamientos.
—Disculpa mis malos modales, por favor tenga la amabilidad de seguir, le atenderé personalmente buscando la manera de que se sienta muy cómodo y así poder tener la dicha de que se haga uno de nuestros clientes más frecuentes —Kristen dio unos cuantos pasos para luego abrir la puerta permitiéndole el ingreso a Harry.
—Gracias, es usted demasiado amable —introdujo las manos en los bolsillos y dando pasos cortos ingresó a la modistería.
El interior llamaba su atención haciendo que se sintiera acogido, lo primero que hizo fue fijarse que en aquel lugar habían cuadros con fotografías antiguas de como solía ser aquel lugar en el pasado.
—Desea algo de tomar mientras me pone al tanto de cómo y en que tipo de tela busca sus trajes, dentro de esta carpeta encontrará diferentes y únicos colores al igual que las telas más finas, así que le aseguro que va a vestir de manera única y sus trajes no serán similares a ningún otro —Kristen alardeaba de la capacidad de la modistería.
—Así me encuentro bien —respondió mientras continuaba buscando con su mirada.
—Muy bien señor Harry, entonces por favor tome asiento y permítame que lo sorprenda —Kristen dibujó una sonrisa de satisfacción ya que había logrado que él se sentara y fuera de ella mostrara interés en hacerse un cliente más.
Abrió aquella gruesa carpeta frente de su mirada y lentamente mostraba una tras otra de las muestras más finas y costosas del lugar; mientras que Kristen se desgastaba detallando cada una de las muestras, él se mantenía completamente distraído pensando una y otra vez en las primeras palabras que le iba a decir a Isabella cuando la pudiera volver a ver.
—¿Es usted la dueña de este lugar? —con aquella pregunta entorpece la explicación que Kristen le brindaba.
—No, soy quién administra este hermoso lugar, además de ello soy la amiga de la dueña —respondió dibujando una sonrisa en su rostro provocando que Harry se sintiera más tranquilo.
—Si usted es quien administra, me gustaría saber ¿cómo se llama el dueño de este lugar? —ella exhaló con fuerza y sosteniendo su mirada fija en la suya decidió responder ya que no tenía de otra salida para continuar con la venta.
—Isabella, la dueña del lugar se llama Isabella.
—Isabella —salió en voz baja de la boca de Harry dejando al descubierto que aquel ese nombre causaba un extraño efecto en él.
—¿Sucede algo con ella? —preguntó Kristen al ver la extraña reacción que había hecho aquel hombre al escuchar su nombre.
—No, solamente es un nombre muy bonito y me gustaría tener la dicha de poder conocerla personalmente —Kristen de inmediato cambió de color, se puso bastante nerviosa ante la petición de Harry.
—¿Solamente porque es un nombre bonito quiere conocer personalmente a mi jefe? —preguntó ella quedando completamente desconcertada.
—Sí, antes de hacer la más mínima compra en este lugar me gustaría tener el placer de estrechar su mano —Kristen pasó saliva porque no sabía como decirle a aquel importante cliente que no podía ceder ante tal petición.
—Muy bien señor Harry, una vez que ella regrese de viaje le informaré que usted quiere saludarla, por ahora tendrá que conformarse con estrechar mi mano —luego de haber escuchado que Isabella no se encontraba en el lugar Harry sintió gran decepción.
—¿Cuándo regresa ella?
—No tengo gran conocimiento de la fecha exacta, pero por favor permítame seguir mostrando nuestras telas —respondió bastante nerviosa.
—Estaré pasando, como le informe me gustaría hablar con ella personalmente —Harry se levantó de la silla dejando a Kristen bastante sorprendida por su manera de actuar.
Unos cuantos gritos lograron llamar la atención en Harry, quien de inmediato giró la cabeza y fijó la mirada en la puerta que se encontraba en un costado.
—No sucede nada malo, simplemente son los colaboradores quienes se dejan llevar por la emoción y alzan su voz al cantar sus canciones favoritas —se escuchó Kristen.
—Hasta pronto, otro día pasaré —dijo Harry.
—¡Cállate maldita, eres un pedazo de basura que no tiene valor alguno! —gritó Leo mientras salía de aquella puerta que había observado Harry segundos antes.
Harry quedó estático al ver la manera de actuar de aquel malhumorado e imponente hombre que salía mostrando un rostro de pocos amigos.
—¿Qué miras estúpido, acaso se te ha perdido algo?
Harry no respondió, simplemente conectó la mirada sin mostrar temor alguno, al pasar Leo por su lado golpeó con fuerza el hombro contra el suyo provocando que Harry diera unos cuantos pasos atrás.
Kristen al ver que Leo se había marchado rápidamente fue hasta la oficina de Isabella, quién en su rostro mostraba gran preocupación por lo que había sucedido esta vez en el interior de la oficina.
—¿Estás bien Isabella? —dijo Harry mientras se encontraba parado en la puerta de la oficina.
Isabella al escuchar aquella gruesa y atractiva voz de inmediato levantó su rostro empapado de lágrimas para fijar la mirada en él, de su labio inferior salía sangre, al sentirse avergonzada nuevamente inclinó el rostro ocultando lo que le sucedía.