Ahora si temblé de miedo, mis ojos estaban puestos en todo momento en la flecha de la ballesta. —Por favor —supliqué en voz muy baja—. No lo hagas. —Observa —ordenó en un susurro nasal. Lo que hice fue cerrar los ojos con fuerza, esperando el disparo. Pero no lo hizo sino hasta que tuve los ojos bien abiertos y pude notar que ejecutó el mortífero instrumento en sus manos. La flecha salió disparada en línea recta, emitiendo un pequeñísimo zumbido luego del chasquido que la despidió del arco. Dejé escapar un pequeño grito cuando sucedió, mirando entonces que la flecha pasó entre los dos hombres cazadores e impactaba contra algo que rugió tras ellos agónicamente. Rodrig bajó el arma y dejó de rodearme con sus brazos. Al instante los cazado

