Evan. El hermoso rostro de Peach me saluda cuando abre la puerta. A diferencia de los últimos días, ya no hay sorpresa en su expresión cuando me ve aparecer allí. Se ha acostumbrado a verme. Pero tan pronto sus ojos caen en la pequeña flor que sostengo en mi mano, algo más que sorpresa llena sus ojos, hay confusión. — Buenos días — canturreo algo juguetón cuando ella parece fuera de sí, mirando de mis ojos a la pequeña flor tan delicada como ella que sostengo entre mis dedos. — Uh-uh — parece quedarse sin palabras, hasta que finalmente consigue decir —: Hola — pero le ha salido casi igual a una pregunta. Casi con reticencia, recibe la pequeña flor cuando la estiro en su dirección. Me aseguro deliberadamente de que nuestros dedos se rocen, consiguiendo desesperadamente así sea un mínim

