La noche cayó sobre nosotros y es imposible ver algo, tan solo puedo ver mis pies cuando la espuma los rodea, esta noche no hay luna y la playa es tan solitaria, no se que hago aquí y tampoco se si corro peligro, pero tengo el deseo de seguir adelante. —¿Cómo podríamos jugar? Sería difícil no ver tu rostro —digo de inmediato, mientras su calor invade mi espalda, no pongo resistencia, al sentir sus dedos rozando mis hombros. —Aunque no lo creas, no soy capaz de ver más allá de mis pestañas en este momento —dice él y su voz la recuerdo, al fin puedo confirmar que sí es aquel hombre de la mansión. —¿Has bebido alcohol? —preguntó mientras mi piel se eriza. —Si. Tal vez más de lo que debería —responde y continua —¿te molesta? —pregunta y en su voz siento cierta vergüenza. —No. Tan sol

