—¿Acaso crees que puedes proponerme algo tan estupido y salirte con la tuya? —cuestiono mientras trato de controlar mis impulsos, no puedo concebir que un hombre sea capaz de proponerme algo así, sin un poco de pudor.
—”Es un maldito, arrogante, con unos labios perfectos” —pienso para mis adentros mientras dejo la copa, sobre la barra.
Ignoro por completo al tipo que me ha hecho la propuesta más original, sin rodeos, sin platicas estúpidas y aburridas, —ja —giro mi cuerpo y le doy la espalda, levanto la tela que caía con gracia sobre mis brazos y la alineo a mis hombros, dejando visible el escote en mi espalda.
—Disculpame por haberte ofendido, ahora entiendo que no eres esa clase chica —dice el muy idiota y tan solo tengo deseos de romperle la copa en la cabeza, y lo peor es que no sabe que su voz la cual parece un poco carrasposa, segruamente por el alcoho en su sangre me hace vibrar intensamente, mientras susurra sobre mi cuello.
—Puede que sea esa clase de chica, pero no eres el tipo de hombre —explico —salud —levanto mi copa sonrío con una mueca ladina y camino entre la multitud.
Estoy ansiosa por que me siga, hay algo en el que me parece exquisito, se que es una estupidez, pues no he visto su rostro, y debo confesar que no me inquieta que sea un hombre al que no conozco quien me acecha.
Mi pecho se exalta, el aire de mis pulmones parece escapar sin retorno, me detengo justo en el barandal de la escalera y esta tiene una cadena, recubierta con una tela negra, piso el peldaño mientras dejo la copa sobre una pequeña mesa redonda que esta aun costado y un hombre alto con el torso descubierto se me acerca, no se que le pasa a mi cuerpo, siento la necesidad de salir huyendo.
—No puede pasar necesita de un acompañante —me indica el tipo mientras toma la cadena evitando que yo pueda subir, giro los ojos y bajo el peldaño, percibo el aroma de aquel hombre he cerrado los ojos por un instante, y a pesar de eso reconozco su aroma.
—Ella viene conmigo —dice aquel tipo de voz arrogante.
—Disculpe señor —replica el tipo que hasta hace un momento me había prohibido subir.
Abro los ojos, levanto el rostro y nuevamente, puedo ver sus labios rojizos, que parecen, incitarme, no se que estoy haciendo, pero él levanta su mano, para que yo la tome, respiró profundo intentado recomponer el semblante.
Tomó su mano colocando mi palma sobre la suya, él sonríe ladeando los labios y ambos subimos las escaleras en silencio, la distancia hasta el descanso me parece enorme, pero estoy decidida a apartarme de la multitud.
—¿Por qué debemos subir acompañados? —cuestiono al llegar al segundo nivel.
—Bueno esta fiesta es para los atrevidos —responde el hombre mientras besa mi mano, y la suelta con delicadeza, siento algo frío que de inmediato me quema y recorre mi piel, sus labios me han generado la sensación más extraña de mi vida hasta este momento.
—¿Atrevidos? —pregunto ignorante de sus palabras.
—Todo Aquel que viene aquí, busca placer, y cuando encuentra con quien se quita la máscara, y tiene la opción de subir a este sitio o esconderse en cualquier lugar de la mansión, y ceder ante sus deseos —dice el hombre de labios seductores.
—En realidad yo solo necesito aire —indico y el tono de mi voz parece soberbio.
—No es lo que yo esperaba, pero adelante, ven a mi habitacion ahi esta el balcón más grande de este lugar —dice y nuevamente, se asegura de que crea que la mansión es de él, como si eso pudiera servir a su favor.
Sé que puedo defenderme ante cualquier situación difícil, y no puedo negar que mis piernas comienzan a perder las fuerzas.
Caminamos, algunos pasos y él abre la puerta blanca que está a un costado del pasillo.
Camino con seguridad, y no entiendo, pero de alguna forma la máscara me da seguridad, se que no se quien es, y se bien que no tiene idea de quién soy, y su aroma me embriaga —, mierda.
—Adelante —dice mientras suelta la manija.
Retiro mi vista, de lo poco que puedo ver de su rostro y entro a la habitación, es enorme, fría y oscura, puedo ver una pequeña sala negra y una enorme cama, las sábanas son blancas pero la luz es tan poca que tan solo adivino el color, mi corazón se agita siento como si esta vez saliera de mi pecho, trató de respirar pero es imposible.
Un escalofrío recorre mi cuerpo, al escuchar el sonido de la puerta golpear, en el marco, llevó mis manos a mis brazos, cruzando estos con sutileza mientras me quedo inmóvil.
—Aquí está el balcón, dice aquel hombre de espalda amplia la cual puedo notar mientras camina pasando de largo.
Abre las puertas de par en par y puedo ver las luces de las palmeras, siento como la brisa fría entra y recorre mi piel incrementando el escalofrío.
Su rostro o lo poco que puedo ver de este es cada vez más oscuro, mis ojos no logran adaptarse a la poca luz.
Siento un poco de alivio y camino hasta aquel balcón, siento como mi pecho se llena de aire, y miró sus manos sobre la protección.
Son grandes, sus dedos son alargados y huesudos, tan solo un poco, las venas se exaltan haciéndose notar debajo de su piel blanca y por un instante eso me hace sentir extraña.
—Tienes la mejor vista, y el aire que te prometí, ¿qué obtendré a cambio? —cuestiona mientras gira el cuerpo, y recarga las nalgas sobre la protección blanca del balcón, coloca las palmas de sus manos sobre este mismo y puedo ver el blanco de sus dientes iluminar sus labios.
Sonrío de inmediato como si su mueca arrogante me hubiera contagiado —, un beso —indicó mientras me pongo en la misma posición que él, pero al otro extremo.
—De acuerdo —dice, y se incorpora, con pasos lentos se acerca a mi y solo puedo ver el rojo de sus labios, trago saliva, su aroma se hace más intenso, se queda frente a mi y lleva su mano hasta su rostro, abre su palma y entiendo que está a punto de quitarse aquella máscara brillante.
—No. Besame asi, no quiero saber quien eres —índico y el sonríe, esta vez puedo observar sus dientes, con su mano roza uno de mis hombros mientras con la otra me toma de la espalda, y puedo sentir cómo el frío de sus dedos, me comienza a quemar la piel desnuda qué tengo descubierta a causa de el escote en mi vestido.
Me encaja en su pelvis, siento que su cuerpo es grande y todo en él lo es, aguanto la respiración por un momento y de una forma salvaje, me besa, muerde mi labio inferior y el dolor, que siento, solo me indica una cosa —, “Quiero ser suya” —digo para mis adentros.
Sus labios penetran en mi boca, su lengua recorre mi cavidad sin que yo sea capaz de moverme, percibo su aroma y cómo este se mezcla con el sabor del alcohol en su boca, levantó mis brazos y con mi manos intento rodear su espalda, pero es inútil.
Desliza su mano qué hasta hace un momento rodeaba mi hombro, hasta mi cadera muy cerca de mis nalgas, me suelta del agarre de sus labios, abro los ojos, él mira y me sonríe, y como un talentoso casanova lleva sus dedos hasta mis nalgas, siento un calor indescriptible, aquel hombre me vuelve a besar y esta vez me prendo de su cuello mientras las puntas de mis tacones luchan por mantenerse en el suelo, mientras siento su enorme dureza entre sus piernas.