—Quería darles una sorpresa. Además, mi padre estaba recio a no dejarme volver, ya sabes, por lo del secuestro cuando era un niño. Por tal razón el señor Marcos Heredia no me deja ni respirar solo, pero mi madre le hizo entender que ya soy un hombre libre y que puedo estar donde quiera. —Imagino que a fuera está un escuadrón esperando por ti—, Albert sonrió, y asintió. —Parece que fuera el hijo del presidente. —Y lo eres, pues tú padre es tan mandón que incluso manda al presidente de la republica—, Albert lo codeó. Si bien era cierto su padre era un hombre importante de la ciudad de Guayaquil, incluso del país, en su momento lo dominó pasando sobre las leyes de este, pero ya no era el tirano al cual todos temían, los años lo habían cambiado. Los jóvenes se concentraron en las clases

