—¿Piensas que por ser joven no podré con este cargo? —, Augusto sonrió de medio lado, su ancha espalda se recostó en el espaldar del asiento, asentando el codo en el sostenedor de mano levantó una ceja —¿Es por eso que quieres saber mi edad? —No es eso, solo tenía curiosidad de saber cuántos años más gozaré de este puesto—, mintió, aquella mirada y todo ese joven, incluido la soberbia con la que hablaba le llevaba a pensar muchas cosas. Pero cuando recordó que era nieto de Antonio Marshall, las desechó. —Veintidós—, dijo, Augusto soltó un suspiro y volvió a tomar el documento —Próximo a cumplir los veintitrés—, al escuchar eso volvió a levantar la mirada —Lo que quiere decir que, en dos semestres más terminaré la universidad y estaré listo para tomar mi lugar—, Augusto se quedó en tran

