Ahí está sentada viéndose tan diva tal y como yo veía hace años.
Suspiro y sigo caminando hacia donde está ella sentada tomando ese vino rosado espumoso.
—Siéntate nena —palmea una de las sillas.
Sonrío y me siento. Ella me ve de arriba abajo, realmente qué es lo que quiere, darme trabajo o humillarme con la mirada.
—Sí ¿A qué se debe está invitación? ¿De verdad piensa contratarme o es solo una broma? —pregunto mientras la veo fijamente a los ojos.
—Ay pero querida, cómo crees que yo haría eso, es para contratarte de verdad, solo que debo aclarar algunos pequeños puntos contigo—sonríe para luego darle un sorbo a esa copa—Ay pero que desconsiderada ¿Quieres algo de beber?
—Un jugo de naranja esta perfecto—menciono.
Ella chasquea los dedos por lo que enseguida le viene un mesero, el cual se marcha en cuanto ella ordena.
—¿Cómo dijiste que te llamas? —pregunta mientras saca una foto.
—Marian—respondo mientras veo curiosa esa foto.
—Bueno Marian. La razón por la que te contrate fue porque me pareces una señorita decente, además de confiable, yo lo único que espero de ti es que no te revuelques con mi marido como todas las demás señoritas pero sobre todo esta—me enseña esa foto—Ella no termino muy bien que digamos, no solo quedo sin trabajo si no que nadie la recluta después de lo que hizo.
Es una chica delgada, cabello n***o y muy joven.
—Señora yo jamás haría tal cosa, yo solo busco trabajo y ya—sueno indignada.
—No nena, no lo digo porque yo piense que eres así, además de que no eres el tipo de mi esposo, si eres hermosa, joven pero a mi marido le gustan lanzadas, escotadas sin dejar a la imaginación y que muestren lo tan fáciles que son, tú no tienes nada de eso por eso te elegí, el problema aquí es que tú no tienes la capacitación para ser su asistente, no cumples con los requisitos pero… yo te voy ayudar, yo le diré a mi secretario que te de la capacitación—saca un abanico y se echa aire—Por eso mismo no entraras a trabajar mañana mismo si no en un mes, yo le daré largas a mi marido por eso no te preocupes, ahora dime ¿Cuento contigo? ¿Puedo confiar en ti? —extiende su mano.
—Sí señora puede confiar en que yo jamás la traicionare —tomo su mano—Mi interés no es el dinero fácil, ni los hombres mayores, además de que mi corazón ya le pertenece a alguien—me sonrojo.
—Claro, se te ve lo tan enamorada que estas, en fin necesito que tengas vestimenta adecuada de secretaria, toma es un adelanto compra ropa y te quiero mañana a las ocho de la mañana en esta dirección—me da una nota—Todo está pagado si quieres pedir solo hazlo con permiso.
La señora Analy se marcha mientras yo me quedo sentada, ay de verdad solo espero que este trabajo no me de problemas.
Guardo esa nota y después prosigo a pedir comida de verdad tengo mucha hambre.
“Narra Dante”
¿Por qué ella no está aquí? Veo mi reloj y son las diez de la mañana y ella no ha venido.
A lo lejos veo como va entrado la señora Analy junto con todos sus guardaespaldas.
No se supone que ella contrataría a Marian, me pregunto curioso a mi mismo.
Camino hacia ella, para luego hacerle una reverencia y preguntarle.
—Señora buenos días, puedo saber ¿Por qué la asistente del señor Lissandro aún no está aquí? —pregunto.
—Oh de verdad que a mi marido le urge una secretaria. Bueno a eso vengo a decirle cuando la tendrá—camina hacia la oficina del señor.
Camino detrás de ella y me detengo en la entrada de la oficina.
Escucho como ella saluda a su marido y después opta por sentarse.
—Cariño, vengo a notificarte que ya tengo a tu secretaria, el problema es que ella vendrá en un mes —dice sin rodeos.
—¿Qué? ¿Acaso estás demente? ¿Qué voy hacer un mes sin secretaría? —exclama el señor Lissandro.
—Bueno… yo me encargare, hace años fui tu secretaria amorcito, yo me encargare durante un mes después de eso ella vendrá, ahora me voy a mi sesión de spa, después de eso regreso a ordenar documentos—se escucha como arrastra la silla y se va.
Me hago el que no escucho y solo miro hacia enfrente.
“Narra Marian”
“Varios días después”
De verdad que durante estos días no he descansado nada, ese secretario que la señora Analy me puso a cargo es muy estricto, aunque debo admitir que he aprendido muchísimo.
En fin debo terminar de comer para seguir aprendiendo.
“Un mes después”
Son las siete de la mañana, voy en el camión, veo por ese vidrio empañado a mí misma, vestida de secretaria ni yo misma me reconozco como tal.
En fin me sonrío a mí misma, para enseguida regresar a mi realidad.
Después de unos minutos he llegado al lugar, sinceramente estoy muy nerviosa, camino hacia la empresa para luego entrar a recepción.
—Hola, buenos días soy la persona que contrataron como asistente del señor Lissandro ¿Puedo saber dónde está mi puesto de trabajo? —pregunto con amabilidad.
—Por favor su identificación y la orden de entrada firmada por la señora Analy—extiende su mano.
—Ah, sí, es esta—le doy la orden y mi identificación.
La cual ella ve por un momento, enseguida de eso me sonríe.
—Sígueme por favor —me hace una seña.
Sigo sus pasos, ella sube al elevador y yo hago lo mismo, ella presiona el número de piso tres para luego dejar que avance el ascensor.
Este se abre y lo que mis ojos ven es algo hermoso, no puedo contener la sonrisa al ver lo que creo que estoy soñando, no puede ser, no puede ser que él esté aquí.
Mi mundo se detiene en cuanto él dirige su mirada hacia mí, esos ojos verdes me llaman y al igual que yo él expresa asombro.
—Señorita, señorita—menciona esa chica.
—Ah, sí, lo siento—salgo del elevador.
Camino hacia él ¿Qué? ¿Por qué estoy caminando hacia él?
—Por favor entre —me hace una seña esa chica la cual me ve desconcertada.
Yo solo no puedo dejar de sonreír por lo que volteo a verlo y dejarle saber el por qué estoy sonriendo.
Él solo me ve por un momento para luego dejar de verme y ver hacia enfrente.
Yo reacciono y solo entro a la oficina, donde está un señor mediana edad, el cual es demasiado serio.
—¿Así que tú eres la chica que eligió mi esposa, espero que seas eficaz, como sea quiero que ordenes todos estos documentos y que me hagas cita con esta persona—desliza una nota sobre el escritorio.
—Sí señor—menciono con respeto.
Él me mira y después solo me hace una seña de que salga.
Salgo de ahí y eso es lo que añoraba desde que entre salir para verlo, cierro esas puertas corredizas para luego voltear a verlo él sigue ahí pero ¿Qué hace aquí? Camino hacia donde está y me pongo frente a él.
—Hola—le sonrío.
—Hola—baja la mirada hacia mí ¿Puedo preguntar qué haces aquí? —digo mientras sonrío apenada.
—Soy el guardaespaldas del señor Lissandro—me ve con normalidad.
Creo que yo estoy más emocionada que él, pero como no si me dejo flechada desde que lo vi por primera vez en esa cafetería cuando nuestras miradas se encontraron.
—Que interesante—sigo sonriendo como una estúpida.
—El teléfono está sonando—me hace una seña con su ceja.
Debo parecer una estúpida pero es que verlo me hace sentirme así.
—Sí, el teléfono —apunto hacia allí sin dejar de verlo.
Parpadeo y después me giro para ir a contestar.
Rayos ¿Cuál era la extensión? Muerdo mis labios mientras miro todos esos números plasmados en ese aparato.
Frunzo el ceño mientras escucho sonar una y otra vez ese teléfono.
—¿Qué no vas a contestar ese teléfono? —menciona el señor Lissandro detrás de mí.
Volteo a verlo preocupada mientras él me mira con enojo.
—Sí solo…—menciono nerviosa.
—Señor ¿Por qué no espera en su oficina? Recuerde que debe estar calmado para su sesión de fotos familiar de esta tarde—menciona ese chico el cual aún no sé su nombre.
Él se lleva al señor Lissandro para adentro y enseguida vuelve para ponerse a lado de mí y tomar el teléfono y contestarlo.
—Presidencia —contesta—De acuerdo queda agendado—apunta en una agenda—Hasta pronto—cuelga—¿De verdad sabes algo de este trabajo?
—Lo siento, me puse nerviosa, además de que el señor Tadeo no me dijo cual era la extensión del señor Lissandro , ni que debía decir cuando tomara una llamada —frunzo el ceño.
—No te preocupes, mira la extensión para pasar llamadas es la uno y para contestar debes decir presidencia ¿De acuerdo? —me explica con detenimiento.
—De acuerdo y gracias por ayudarme—sonrío.
Él solo asiente con la cabeza y camina un poco.
Lo alcanzo, tomo su brazo para luego sentir como él se detiene para ver como mi agarre.
—Oh, lo siento— lo suelto—Solo quería saber tu nombre—pregunto para luego ver como se da la vuelta.
—¿Mi nombre? —pregunta mientras mete sus manos en los bolsillos de su pantalón.
—Sí tu nombre, yo me llamo Marian—extiendo mi mano.
—Yo me llamo Dante —toma mi mano—¿Y tu identificación?
—Es esta—tomo mi carnet y se lo enseño.
Le sonrío hasta que él suelta mi mano y toma mi carnet y lo lee con detenimiento.
¿Por qué solo tiene tu nombre? ¿Dónde está tu apellido?
—La señora Analy así me lo entrego ¿Por qué te interesa tanto mi apellido? —pregunto intrigada.
—No por nada—se da la vuelta y regresa a ese lugar.
“Flashback”
—Nadie debe saber tu apellido, si mi marido se entera de que no tienes titulo de financista nos va ir mal a las dos, así que en la empresa solo eres Marian ¿Entendiste? —me dice la señora Analy mientras me entrega el carnet.
—Pero eso no sería sospechoso—digo mientras veo el carnet.
—No si yo soy quien te contrato y soy yo quien tiene tus datos, si hay alguien a quien mi marido preguntara es a mí y yo sé todo de ti, así que no hay problema querida—me sonríe—Ahora quiero que vayas a dormir, mañana ya entras a trabajar.
“Fin de Flashback”
Vaya ahora estoy enredada entre un matrimonio tan loco como el de ellos dos, una esposa controladora que ama de manera muy toxica a su hombre y un esposo coqueto, esa es la razón por la que quede aquí porque no soy presa para él pero si la persona en la que confía la señora Analy solo espero que está mentira no se salga de control si se sabe que estoy aquí solo por capricho de la señora Analy para que su hombre no la engañe estoy frita y no solo perderé el trabajo si no quedare como la farsante asistente.
En fin me siento en la silla que hay frente a mi escritorio para luego ver como Dante, vaya hasta su nombre es hermoso para ver como él se va con un grupo de hombres vestidos igual que él, la diferencia es que él es único.
Me recargo en el escritorio para ver como él desaparece de mi vista, hasta que….
—Hola—menciona una voz de mujer.
Volteo y es una chica pelo lacio largo y delgada.
—Hola—la saludo mientras tomo una carpeta y acomodo los papeles que hay dentro.
—Ya te vi—me apunta con su dedo índice.
—¿Qué? —pregunto asombrada.
—Estabas viendo a Dante—me sigue apuntando para luego sentarse y recargarse en mi escritorio—Es tan… pero tan guapo, lástima que tengo novio y lo amo y como amiga debo decirte esto, Dante es muy difícil de conquistar todas las chicas de este departamento babean por él pero él solo se mantiene frio y misterioso a nadie le hace caso —de pronto se pone de pie—Con decirte que la hija del señor Lissandro también está detrás de sus huesitos pero ni a ella le hace caso ni tantito así—hace una señal con su mano—Todas hemos pensado que él tiene novia o…—acaricia su barbilla.
—No, como crees quizá no ha llegado quien lo llegue a conquistar—menciono nerviosa.
—Quizá sea eso, bueno soy Carlota—extiende su mano—Y desde ahora seremos amigas ¿Qué te parece? —sonríe feliz.
—Que sí. Es bueno tener nuevos amigos en el primer día de trabajo—sonrío igual que ella.
Carlota suelta mi mano y enseguida se va corriendo a su escritorio el cual queda a unos pasos del mío, ella contesta el teléfono, mientras que yo solo me dedico a seguir ordenando esos documentos.
“Horas más tarde”
Es momento de comer, así que saco mi lonchera y es un sándwich menos mal que me alcanzo a comprar para al menos hacer esto.
Carlota hace un rato menciono una terraza para los empleados de este departamento, ella dijo que estaba arriba en la azotea.
Me pongo de pie y busco las escaleras. Oh vaya están tan escondidas que casi pasan desapercibidas ante mi vista.
Regreso hacia las escaleras y subo los escalones, ahí veo una hermosa terraza, con banquitas y con decoración, comer aquí es muy agradable en fin camino hacia una de las mesas, saco mis sándwiches y mi botella de agua, justo cuando muerdo uno, veo a alguien en la terraza ese alguien es Dante pero él está en una esquina por lo que solo se ve la mitad de su saco.
Camino curiosa mientras me paso el pedazo de sándwich, cuando estoy atrás de él, toco su hombro y le sonrío.
Él voltea y me ve con seriedad por lo que yo solo le sigo sonriendo.
—Hola—menciono.
—Hola—menciona mientras saca sus manos de sus bolsillos.
—¿Por qué no estás comiendo? —pregunto mientras veo hacia donde estaba y no noto alguna pista de alguien que debe estar comiendo.
—Pronto me iré con el vip así que no alcanzo a comer si no hasta que regrese —expresa mientras se recarga en el barandal de esa azotea.
Veo eso y me tomo la libertad de tomar su brazo y llevarlo conmigo a sentarse.
—Toma—me siento para luego darle unos de mis sándwiches.
—No, es tuyo, cómelo yo más tarde lo hago—se niega a tomarlo.
—Por favor tómalo, me sentiré mal si no lo haces—le suplico—Siempre traigo uno de más por favor ¿Sí? —le sonrío mientras lo veo con suplica.
Él extiende sus brazos y con esa mano varonil toma ese Sándwich para luego morder un poco y comer.
Él me ve mientras come, de verdad esos ojos verdes son lo mejor que puedo ver en estos momentos.
Le sigo sonriendo para luego tomar el sándwich mío y comerlo.
Han pasado algunos minutos y ambos estamos en silencio, de verdad él no hablara si no lo hago que hable, estoy por hacerlo pero en ese preciso momento suena algo por lo que él enseguida deja la comida sobre la mesa, sacude sus manos y habla por el intercomunicador.
No logro escuchar que le dicen, solo puedo ver sus expresiones.
—Enseguida bajo, reúne al equipo—menciona para luego levantarse.
—¿Qué pasa a dónde vas? — pregunto curiosa.
—Tengo que ir con el vip, gracias por la comida — se da la vuelta.
—Toma llévatelo y come en el camino—tomo su comida y se lo pongo en la mano.
Él me ve desconcertado y después me niega con la cabeza.
—No puedo, debo irme —termina de decir para luego irse corriendo y bajar las escaleras.
Miro hacia allí hasta que veo como Carlota viene subiendo.
—Con que él estaba aquí—sonríe mientras camina hacia mí.
—Sí aquí estaba pero se tuvo que ir—me encojo de brazos para luego regresar a mi asiento.
—No sé como soporta trabajar con el señor Lissandro—se sienta y pone su rostro en sus manos mientras se recarga en la mesa.
—¿Por qué dices eso? —pregunto curiosa.
—Porque es un mal jefe solo lo deja descansar unos minutos al día, ya solo falta que le de trabajo de asistente, ah pero esa eres tú, menos mal que hoy te salvaste y eso es porque al evento que fueron hoy ira su esposa y como ella era la asistente antes de ti bueno le toco ir a ella en fin aprovecha porque luego te tocara ir a donde sea con él, la ventaja es que verás más a Dante—me sonríe.
—Ah vaya—digo para luego seguir comiendo e invitar a Carlota.
Regreso a mi lugar de trabajo y ahí están toda esa pila de documentos los cuales debo ordenar para hoy pero ¿Cómo se supone que debo hacer eso en un día? Genial en fin debo hacerlo si quiero conservar mi trabajo.
Las horas transcurren rápidamente hasta que noto que me falta menos y para cuando me doy cuenta solo estoy yo en esa oficina, todos se han ido.
Veo una nota pegada en la orilla de mi escritorio y es de Carlota.
“Ya que ni siquiera me escuchaste cuando fui a despedirme te dejo ese sobre de café para que lo prepares y te de fuerza para que sigas luchando con esos documentos”
Atte: Tu amiga….
Sonrío y enseguida veo ese sobre de café el cual es de vainilla, solo espero que Carlota este disfrutando un buen café de Starbucks con su novio ya que se lo merece.
Recorro la silla y me voy a la pequeña salita de descanso donde hay una cafetera, tomo un vaso y sirvo agua caliente para luego tomar leche y el café para preparar la bebida.
Termino de preparar eso, me doy la vuelta y es ahí donde veo a Dante recargado en la mesa de bocados.
Me hago hacia atrás, de pronto él se mueve de su lugar, veo como se acerca a mí y coloca su mano detrás de mi cabeza.
Miro hacia arriba, noto como la puerta de la cocineta está abierta por lo que pegaría con ella, después dirijo la mirada hacia él, su rostro esta atajando el foco por lo qué eso me hace poder ver mejor.
Después él se hace a un lado por lo que yo enseguida reacciono y aclaro mi garganta.