Capítulo 3
Narra Marian
—¿Algún problema señorita? —menciona él.
Frunzo el ceño mientras chupo mis labios para luego darme la vuelta y verlo. Él está esperando mi respuesta y mientras lo hace está con sus manos en los bolsillos.
—Bueno… es que no creo que este sea el mejor momento para pedirle algún favor a mi amiga, creo que mejor vuelvo a casa o igual mejor me quedo en la calle, creo que es más seguro—dejo de fruncir el ceño.
—Tengo una mejor idea, sube al coche — abre la puerta.
Subo al taxi mismo que tiempo después se estaciona en donde está el coche de ese chico.
Él se baja y espera a que yo haga lo mismo, cuando salgo veo como él paga el taxi, oh vaya menos mal me digo a mi misma.
—¿Ahora sí confía en mi señorita? —pregunta.
—Sí—respondo sin pensar.
—Sí así es, entonces ¿Podemos irnos en mi coche? —apunta hacia su coche el cual es muy lujoso.
—Sí—vuelvo a responder sin ninguna duda.
Él abre la puerta y espera a que suba, después de eso él sube, se pone el cinturón de seguridad y después arranca el coche “Vamos se supone que dije que confió en él” guardo silencio hasta que veo como él se estaciona en una tienda de conveniencia y después de eso vuelve con una bolsa en su mano, luego de eso arranca nuevamente el coche hasta llegar a un hotel.
Bajo junto con él y ambos nos detenemos en la entrada.
—¿Qué es esto? —pregunto desconcertada.
—Es donde te vas a quedar —responde mientras saca de esa bolsa unas sandalias—Ni siquiera pregunte tu numero pero creo que te quedan.
Miro hacia abajo y me pongo esas sandalias y sí, me quedan a la perfección.
—Gracias —muevo mis dedos mientras veo mis pies—Pero no tengo como pagar.
—No te preocupes, vamos adentro, solo tú entraras a esa habitación ¿De acuerdo? —me hace una seña para que entre.
Lo veo apenada y después sigo caminando hacia adentro, él me guía hasta llegar con la recepcionista, le sonrío para luego él hacer el pago y el papeleo que se necesita, al parecer él está nervioso por lo que me volteo para no ver nada.
—Listo, aquí están las llaves, debes entregarlas mañana a las doce de medio día—deposita las llaves en mis manos.
—De verdad no sé cómo pagarte por esto—tomo sus manos y lo veo a los ojos.
—No sé preocupe señorita, usted es una ciudadana mi deber es ayudarla —se suelta de mi agarre.
Le sonrío para seguir dándole las gracias.
—¿Por qué tiene que ayudar así nada más? —pregunto curiosa—¿Nos volveremos a ver?
—No es importante saber eso, me tengo que ir con permiso— me da la bolsa, se da la vuelta y camina.
Veo como camina por ese lugar, de verdad que él si encaja aquí, me siento perdida viendo como desaparece de mi vista, de pronto veo mi muñeca y veo mi pulsera la cual es de plata, estoy segura que de algo le ha de servir, corro para alcanzarlo y lo hago cuando él enciende su coche, logro llegar y tocarle un par de veces el vidrio hasta que lo baja.
—Por favor tome esto como pago—extiendo mi mano y le doy esa pulsera.
Él la toma y la mira por un determinado después me ve a los ojos.
—No puedo aceptar esto—extiende su mano.
—Sé que no vale mucho, juro que tenia con más valor pero las tuve que vender bueno algunas en fin esto es lo que tengo por favor acéptelo —le suplico.
Se nota que lo estoy poniendo incomodo y eso lo puedo saber porque él suspiro afligido.
—Ya le dije que lo hago porque…
—Por favor—lo miro fijamente.
Él se queda callado y viéndome con seriedad por unos minutos hasta que toma la pulsera y la deja en el porta vasos de ese coche.
—Con permiso—voltea hacia enfrente y pone su mano en los cambios del coche.
Quito mis manos de la puerta y me hago hacia atrás.
Él coche avanza y desaparece de mi vista, vuelvo hacia adentro para enseguida subir las escaleras y buscar el numero de habitación.
Así permanezco hasta que encuentro ese número, pongo la tarjeta para abrir, enseguida entro y veo ese hermoso cuarto, vaya tenia tanto sin estar en una habitación así, de verdad extrañaba esto.
Voy hacia el baño y veo que tiene jacuzzi, debo parecer loca pero… debo aprovechar esto, lleno el jacuzzy para luego quitarme la ropa, tomar una bomba de jabón con esencia de vainilla y tirarla al agua veo como salen burbujas y después me meto en esa agua realmente deliciosa.
¿Quién es él? Rayos no pregunte su nombre ni él el mío vaya si que somos unos locos extraños.
Bueno no tanto, no puedo creer que él haya hecho esto por mí, juro que en cuanto tenga un trabajo y lo vuelva a ver le pagare al menos algo de lo que le debo.
Recordar sus ojos me hace muy feliz, realmente es muy guapo, ah rayos me estoy sonrojando más de lo debido.
Después de permanecer un buen rato en ese jacuzzy, me salgo de ahí, tomo una bata de peluche la cual está colgada en la puerta para enseguida ir a ver que tiene esa bolsa que él me dio hace un rato.
Veo que son panecillos y chocolate caliente, oh también hay una nota la cual saco de ahí dentro.
“Puede pedir comida, no se preocupe si excede la cuenta ellos saben cómo cobrarme después, por favor no busque respuestas donde no las hay y solo vea por su bien”
Sonrío al leer la nota para luego abrir un chocolate caliente y beber un poco, después voy en busca de ese abrigo el cual abrazo con cariño, de verdad huele muy bien ¿Quién eres extraño? Sonrío mientras acaricio mi rostro con ese abrigo, cierro mis ojos y simplemente no puedo dejar de recordar sus ojos verdes y lo tan guapo que es.
Narra Dante….
Después de dejar a esa chica en ese hotel, he llegado realmente cansado, así que recién he salido del baño.
Camino hacia mi pantalón, saco esa pulsera y huele a ella pero… ¿Quién es ella? ¿Por qué no pregunte su nombre? Tal vez porque tenga miedo que me responda con ese nombre, ah de verdad debo estar loco como para seguir pensando que es ella, más vale que no lo sea deseo que no lo sea.
Quizá sea mejor así, quizás sea mejor quedarnos como dos extraños, dos extraños los cuales coincidimos un par de veces en menos de una semana.
Veo esa pulsera y ahí está su nombre “Marian” se llama Marian “Mierda” no a esto temía, temía que se llamara así.
Eso me hace recordar sus ojos unos muy bonitos por cierto, en fin “Marian” eso es, solo un nombre, un nombre común el cual lo tiene muchas mujeres así que basta, dejo esa pulsera caer en la mesita de noche para luego ir a cambiarme de ropa y poner hacer mi trabajo el cual es seguir con mi objetivo.
Narra Marian…
Días después….
Estoy cansada, agotada de no encontrar trabajo, me digo a mi misma mientras mantengo mis manos en mi cabeza mientras estoy sentada en una de las bancas que hay en esta banqueta.
Wow en esta zona debe haber gente importante, solo en los cortos minutos que he estado aquí he visto alrededor de seis ejecutivos todos elegantes y con coches increíbles.
Debe haber alguna compañía por aquí, digo mientras me pongo de pie y camino hacia donde salen esos ejecutivos, camino por toda la banqueta hasta llegar a la esquina y es ahí, ahí está esa compañía, cruzo la calle, sigo caminando hasta llegar a la entrada, ahí me detengo y veo un anuncio de vacantes para guardia de seguridad, no es lo que busco pero no me queda de otra.
Sigo con mis pasos y estoy a punto de logar entrar pero un guardia de seguridad me detiene.
—Señorita, por allá están las entrevistas para asistentes—me apunta hacia el lado derecho.
¿Asistente? Pero si yo no tengo la capacitación para eso.
—El puesto de guardia ha sido ocupado quiten el letrero—menciona una chica rubia.
Veo eso y no me queda de otra, está bien lo haré al fin de cuentas no tengo nada que perder.
No mejor no.
—Señorita avance—me dice el mismo señor.
Cuando reacciono hay una larga fila atrás de mí, rayos, digo mientras siento como todas me empujan para que avance.
Termino sin querer siendo entrevistada, estoy frente a una señora muy elegante para nada es la de recursos humanos, digo no tiene pinta de ser empleada y lo digo porque no usa algo que la identifique como tal.
—Tu solicitud—extiende la mano.
Saco mi solicitud de la carpeta y se la doy.
—Niña pero ni estudios tienes, solo terminaste la preparatoria y menos de la mitad de la universidad ¿Qué saber hacer? —menciona con desagrado.
—Lo siento, yo….—trago saliva, no puedo creer que así me veía hace años cuando me creía una diva tal y como se cree esta señora y digo no tiene nada de malo serlo pero creo que en aquel entonces me faltaba mucha humildad.
De verdad no puedo creer que así era yo, siento tanta pena por cómo era en ese entonces, estoy realmente arrepentida, si hubiese alguien a quien pedirle una disculpa por ser como era en ese entonces juro que le pediría una y otra vez una disculpa.
—¡Repito! —exclama mientras golpea la mesa—¿Qué sabes hacer aparte de servir mesas? —una pequeña risa burlona sale de su boca—Ay perdón, perdón.
Estoy a punto de decirle que es una mala persona pero… de verdad necesito este trabajo, si no ahora si mi padre estará en graves problemas y eso no lo puedo permitir.
—Puedo aprender lo que usted quiera —digo con seguridad.
—Ok, ya veremos, nosotros te llamamos, ahora vete—me hace una seña de que salga.
Asiento con la cabeza y después salgo de esa oficina, camino hacia la salida, es tan lógico que no va a llamar, digo había tantas chicas bonitas y con clase formadas ahí.
Ni siquiera preguntó más, si hubiera preguntado al menos que es lo que quería que supiera hacer le hubiera contestado.
Sé hablar idiomas, y también creo poder organizar una mesa o sacar copias pero en fin solo olvidemos eso.
Sigo caminando y es increíble la fila que hay para ese puesto, ni modo ahora solo queda seguir buscando trabajo.
Narra Dante…
Vaya si que hay muchas chicas para ser la asistente del jefe.
Son hermosas tal y como le gustan a él, pero si su esposa está a cargo de elegir a la próxima asistente no quiero imaginar a quien elegirá.
En fin. Exacto lo que pensé estas chicas son un manjar para él, el cual ya esta coqueteando con algunas de ellas.
Coqueteo que se le acaba en cuanto su hija la cual también es muy intensa lo aparta y lo lleva con ella hacia su oficina.
Camino detrás de él para luego entrar a esa oficina enorme y dejar su portafolio en su escritorio.
—Sí eso es todo señor me retiro—menciono con seriedad.
—No es todo, quiero que revises a quienes si ha seleccionado mi esposa como asistente, no quiero que me ponga a cualquiera, digo es quien va estar conmigo todo el día, además de quien va portar y guardar información importante de mí y de la empresa—dice para luego hacerme una seña de que me calle.
Claro aprovecha que su hija salió a recibir una llamada en el balcón para decirme eso.
—Sí señor, con permiso—estoy por irme pero ella me lo impide tomando mi brazo.
—¿A dónde? —pregunta mientras desliza su mano por mi brazo.
Bajo la mirada y después la veo con seriedad.
—Ay qué guapo te ves —sonríe—Papá por favor cambia mi escolta por Dante, él es mucho más joven además de guapo—hace un puchero.
—No. Ya te lo dije una y mil veces ¡No! Dante no se va de mi lado, tengo al mejor equipo de escoltas a mi disposición todos son buenos así que quédate con el que tienes, ahora vete y deja de estarle coqueteando en mi presencia.
—Ay papá pero algún día encontrare algo que te haga hacerme cambiar de escolta y me des a este bombón—se pone de puntitas y me besa una de mis mejillas.
—¡Kelly! —exclama molesto el señor Lissandro.
Kelly sale de la oficina, para hacerlo después yo, mierda pensé que ella ya se había ido pero me doy cuenta de lo equivocado que estaba cuando me tomo de la mano y me jalo hacia una oficina vacía.
—¿A dónde? —pone su mano en mi cuello mientras acaricia mis labios.
—Por favor señorita su padre nos puede ver—la alejo.
—Ay ya, vamos a divertirnos un rato—se atreve a besarme.
—Señorita por favor—la alejo un poco.
—¿Por qué me rechazas soy hermosa no? —pone nuevamente sus manos en mi cuello.
—Sí, sí lo es pero yo soy guardaespaldas de su padre, así que por favor—la hago a un lado y salgo de ahí.
—Algún día serás mío lo juro—grita a lo lejos.
Niego con la cabeza mientras camino hacia la oficina de recursos humanos.
Aún hay mucha gente, si quiero hacer esto bien debo pasar desapercibido y eso será hasta que haya menos gente.
Pasan las horas y sigo sentado, hasta que escucho como la señora sale, por lo que me mantengo de espaldas hasta que ella se va. Entro con cuidado y busco la carpeta de aceptadas.
Pero ¿Qué rayos? ¿Por qué solo hay una solicitud aquí? Abro la carpeta y estoy a punto de ver quien es pero no lo logro la señora viene en camino así que solo la cierro con rapidez y me escondo detrás de las cortinas.
—Sí, le llamare a ella, se ve que no tiene maldad, además de que no se le ven intenciones de ser arribista, ni resbalosa y de todas esas tipas se ve que esa niña es la más inocente de todas, más claro “ella no es un peligro para mí” En fin me voy le llamare luego—cuelga, toma la carpeta y se la lleva con ella.
Maldita sea se llevo la carpeta, salgo de las cortinas y veo a ver si hay otra información pero no, meto las manos en los bolsillos y me quedo parado mientras veo a mis alrededores, es ahí donde me doy cuenta de que hay una foto tirada en el suelo.
Me agacho y es “Marian” la chica la cual ayude hace días.
Es ella, es a ella a quien quiere reclutar, debería dejar que eso pase o no.
Me quedo pensando en eso, cuando de pronto recuerdo lo muy afligida que se veía ese día cuando esos tipos la hicieron quedar mal en esa cafetería, lo último que supe de ella es que fue despedida.
Debe estar preocupada por encontrar un trabajo, así que no sé si deba intervenir o dejar que ella entre a trabajar, total no es la Marian que busco, la que busco jamás estuviera preocupada por un trabajo menos con los millones que tiene su familia.
“Ese mismo día por la noche”
Son las once de la noche no puedo dejar de pensar en que quiero hacer, saco esa foto de mi saco y debo aceptar que ella es hermosa y si tal como lo dijo la señora Analy ella no es un peligro ella no es el tipo de ese señor, él busca tipas extravagantes y coquetas y Marian es todo lo contrario, esa niña solo deslumbra ternura, así que más bien, Lissandro no es un peligro para ella.
Guardo esa foto en mi cartera y me dirijo a dormir.
Narra Marian….
Al día siguiente…
Estoy en el trabajo donde está mañana fui reclutada, y es más que nada una lavandería la cual queda en el centro de la ciudad. Sinceramente por un momento llegue a pensar que no obtendría ningún trabajo y ahora estoy en uno.
Sonrío mientras doblo la sabana de la señora “Gutierrez”.
—Apúrate niña—menciona la señora que me recluto.
—Sí—termino y me doy la vuelta para entregarle esa sabana.
Termino de hacer eso para luego escuchar como mi celular suena, tomo mi celular y lo contesto.
—¿Sí? ¿Quién habla? —pregunto desconcertada.
—Soy yo—menciona una voz de hombre.
—No, no le juro que le vamos a pagar—digo asustada.
—Dame ese teléfono —menciona una voz de mujer—Perdona nena era mi secretario—Soy la señora Analy, la que te atendió ayer que viniste a dejar solicitud de empleo a mi empresa y la de mi esposo.
—Ah, ya veo—respiro aliviada después de escuchar eso—¿Qué sucede?
—Bueno yo quería ver si te interesa aún el trabajo—menciona feliz.
Si que ella tiene varios tipos de humor.
—Lo siento señora pero ya encontré uno, se lo agradezco de todas maneras —digo apenada.
—Por favor nena al menos piénsalo—trata de convencerme.
—No, lo siento, hasta pronto—cuelgo.
—¿Así que tienes gente cobrando dinero? —menciona la dueña del lugar.
—Bueno algo así pero….—soy interrumpida.
—Pero nada, por favor vete, no quiero problemas, ya he pasado cosas por culpa de las tipas como tú—me quita el mandil y me empuja hacia la salida.
Suspiro mientras veo como ella se va, maldita sea yo y mi bocota.
Camino con mi celular en la mano, pensando una y otra vez si debo llamar a esa señora, me detengo en cuanto veo como esos tipos a los cuales les debe mi padre están parados comiendo en una fonda.
De verdad necesito el trabajo me digo a mi misma.
Así que tomo valor y marco al número que me llamo esa señora.
—¿Sí? Con la señora Analy por favor—menciono nerviosa.
—Hola nena ¿Cambiaste de opinión? —pregunta.
—Bueno….
—Si el problema es el dinero te doblo el sueldo, así que ¿Qué dices? —pregunta curiosa.
—Está bien acepto—trago saliva.
—Te veo en el restaurante que te voy a enviar por inbox—cuelga.
¿Qué? ¿Cuál restaurante? Mi celular suena y es un mensaje y es de ella, oh vaya es un restaurante muy lujoso.