Cómo había oscurecido y salido el sol había llegado otro día sobre la ciudad de Mannheim y en una gran hacienda rodeada de frondosos árboles y lagos en Rheinau, en el gran balcón comedor recibiendo los primeros rayos del sol una mujer de unos cincuenta años de cabello castaño oscuro con luces rubios y ojos verdes en un vestido de telas estilo oriental humedecía sus labios rosa con una taza de café y en su mano un cigarro sostenido por una hermosa y elegante boquilla dorada. —“¡Madre buen día!”— dijo un hombre entrando a la habitación y toma posición para darle un dulce beso en su mano Y tomar asiento frente a ella. —“¿Qué es esto Isaak?”— exclamó ella con desgano y malestar mientras mostraba las noticias de la boda de Anton y Yalens. Isaak sirvió una taza de café y tomo mientras cru

