Yalens sonrió complacida, y camino al bar donde sirvió otra copa de vino y ofreció a su esposo también una copa, el acepto pero bebió whisky. Después de brindar Yalens pregunto —“¿Tu lo tocas o porque lo tienes?”— sentándose en el piano. Anton dubitativo también tomo asiento en el instrumento y poso su mano sobre las teclas —“¡Si solía hacerlo hace muchos años, creo que por ello lo conservo me recuerda mejores épocas!” Yalens sintió lo afligido en la voz de su esposo, y lo observo con detenimiento mientras él bebía su trago completo —“¿Puedes tocar algo para mí?”— dijo mientras recibía la copa del hombre. El la observo hacer pucheros, porque no podía negarse a nada de lo que ella le pidiera, había aprendido a hacerlo ceder, así que riendo entre dientes asintió. Yalens se levantó

