POV TERCERA PERSONA Mireya estaba recostada, apoyando la cabeza sobre su brazo doblado. Tenía una mirada fija en Tom, observándolo con una mezcla de cariño y extrañeza, sin decir una sola palabra. Tom, por su parte, no podía apartar los ojos de ella. Había algo en su rostro, en su tristeza silenciosa, que lo atrapaba. Esa preocupación latente de Mireya lo descolocaba. Él, confuso y todavía dolido por sentirse abandonado tras la noche de la fiesta, simplemente la miraba, perdido en su silencio. Con un suspiro pesado, se dejó caer en una vieja silla de madera, que crujió bajo su peso. El cuarto estaba envuelto en un extraño aire de melancolía. Entonces, la voz de Mireya rompió el silencio, suave y dulce como siempre, pero cargada de un tono irónico que lo hizo tensarse. —Has cambiado muc

