POV DIANA ¡Carajo! Apenas sentí los brazos de Tom rodearme, sabía que la cosa iba mal. Me agarró como si fuera una muñeca de trapo, ligera, sin esfuerzo, y empezó a subir las escaleras del palacio. ¿Quién se cree que es? Intenté zafarme, pateé mi pie izquierdo con furia y le grité con todo el coraje que me salió del pecho: —¡Bájame, Tom! ¡Te dije que me bajes ahora mismo o si no…! Él soltó una risa burlona, maldita sea su risa. —¿O si no qué, Diana?— me dijo como si estuviera jugando conmigo. Tragué saliva y apreté los dientes, tratando de calmarme, aunque tenía los nervios hechos trizas. —¡Te vas a arrepentir! ¡Te lo juro, Tom!— solté como pude, mi voz quebrada de pura rabia. —Deja de hacer berrinche, que ya casi llegamos a tu suite—, contestó con esa maldita calma que me sacaba d

