POV DIANA Abrí los ojos con una flojera enorme. Esa manta pesada que me cubría parecía un ancla, y, la verdad, ni ganas me daban de levantarme. Estiré la mano como buscando algo, pero sólo encontré aire frío. El día recién empezaba. —Tom... —murmuré mientras me removía en la cama—. ¡Tom, despierta! El reloj marcó las siete y, para ese entonces, la casa ya estaba en completo silencio, como un cementerio en plena madrugada. La muchacha llegó con el desayuno, y el café caliente. Lo veía sentado en el sofá, con esa pose relajada que tanto me desesperaba. De vez en cuando levantaba la mirada, y yo fingía que estaba absorta en mi libro. —Diana... mi pequeña Diana —soltó,—. Me estás matando, ¿sabías? Lo miré de reojo, tratando de entender a dónde iba con eso. —¿Matándote? ¿Yo? —respondí, ha

