Capítulo 36 — Saúl El amanecer llegó antes de que pudiera dormir. Pasé la noche sentado en la cocina, con los tres sobres extendidos sobre la mesa como si fueran piezas de un rompecabezas que no logro armar. Las letras. El trazo. La forma en que están escritas las frases: rápidas, angulosas, con esa mezcla de rabia y cuidado. Conozco esa caligrafía. La he visto antes. Pero mi mente no quiere admitirlo todavía. Cuando el reloj marca las seis, me levanto. Laura sigue dormida. Los niños también. Decido no esperar más. El primer destino está claro: la curva del accidente. Han pasado más de trece años, pero el camino aún está ahí, a las afueras de Castellón, casi igual que aquella noche. El sol apenas asoma cuando llego. El asfalto ha sido reparado, los guardarraíles reemplazados

