Levana
Vale, tengo miedo.
No es muy lindo que lo primero que veas al levantarte encuentres una nota con una advertencia no muy bonita que digamos.
Disfruta mientras puedas pequeña princesa, falta muy poco para que todo lo que tú me quitaste sea mío de nuevo.
1, 2, 3 princesa.
Veamos que decides, si retirarte de todo lo relacionado con la realeza o simplemente ver morir a toda tu familia.
Piensa muy bien que harás Levana.
Sinceramente espero que esto sea una puta broma, pero lo sea se lo enseñare a mis padres y que ellos averigüen quien fue quien hizo esto.
Sin esperar más me puse una bata encima del pijama y me dirigí al despacho de mi padre, sé que lo más probable es que mi padre ahora ponga más vigilancia y que mi deseo de ir al arrecife se valla al carajo, pero ya no estamos hablando solo de mí, sino también de mi familia.
—Papa necesitas ver esto— dijes nada más llegar— lo encontré esta mañana encima de mi cama.
Mi padre estaba por reclamarme por entrar sin tocar hasta que se fijó en lo asustada que estaba y sin más tomo la nota y la empezó a leer.
— ¿Levana tienes alguna idea de quien pudo haber enviado esto?— dijo muy serio y por lo que veo se está empezando a molestar.
Yo solo negué, ya que tenía un nudo en la garganta y creo que me estaba por dar un ataque de pánico porque mi padre se levantó exaltado y corrió al lado mío.
—Levana cariño, tranquilízate— dijo mientras que me ayudaba a sentarme— vamos princesa respira despacio.
Enserio que lo intentaba, pero cada vez que estaba por lograrlo mi mente me traicionaba al imaginarme la muerte de mis padres.
—Por Hades— dijo ahora asustado— ¡Rosaura!
No podía respirar, por más que lo intentaba, en mi mente todo era teñido de rojo, mi padre en el suelo todo ensangrentado, mi madre a su lado agonizando y la figura de una persona con una espada en la mano apuntándome.
—Te dije que eligieras— dijo con voz fúnebre— pero elegiste mal.
Dicho esto le clavo la espada a mi madre y luego la dirigió a mí.
—AHHHHHHHH!!!!— un grito desgarrador salió de mi interior haciendo que todo a mí alrededor temblara y que la marca de mi pie empezara a brillar y a quemarme.
— ¡Levana cariño!— dijo mi madre nada más llegar— ¿Qué la altero? ¿Robert que altero a Levana?
Luego de eso no escuche más, todo era calma y poco a poco pude respirar mejor, luego sentí como me cargaban y empezaban a caminar y al cabo de un rato me tienden en algo suave.
Al cabo de un tiempo abro los ojos y puedo ver que estoy en la habitación de mis padres y mi madre está al lado mío, pero no solo ella, sino también un grupo de guardias armados.
— ¡Oh mi niña! Al fin despertaste— dijo mi madre mientras me abrazaba— Que susto me has dado.
Quería decirle que estaba bien, pero al intentar hablar, ningún sonido salía de mí.
¿Qué era lo que pasaba? ¿Por qué no podía hablar?
—Tranquila cielo— dijo al verme preocupada— has forzado y sin ningún cuidado tus cuerdas vocales, ahora mismo no podrás decir nada pero en unos días estarás mejor.
Yo solo asentí, ya que todavía estaba asimilando todo.
Al cabo de unos minutos mi papá apareció por la puerta hablando con un señor muy extraño.
—Levana, que bueno que ya está despierta— dijo nada más verme— nos tenías muy preocupados.
El parece que vio como miraba al hombre con recelo, ya que se apresuró a explicarme quien era.
—Cariño él es el detective Monroe y estará encargado de averiguar todo lo relacionado con la nota que encontraste esta mañana— dijo mientras el detective hacia una pequeña reverencia— al igual que se encargara de tu seguridad hasta que pase tu cumpleaños y se complete tu coronación.
¡Es enserio! ¡Un puto guardaespaldas!
Creo que fue una suerte que perdiera la voz en este momento, porque si pudiera hablar ahora mismo el puto detective ese no le hubiera gustado las bonitas palabras que le dirigiría, además tiene algo que no me gusta de él, tiene algo terrorífico y misterioso, pero no lo misterioso llamativo, sino, lo misterioso que da mucho miedo.
Luego de que mi padres me digan todo ese rollo de que no puedo salir sola, que debo avisar a donde valla, que si veo algo sospechoso se lo hiciera comunicar al dichoso Monroe y todo eso, se fueron y cuando creía que por fin estaría sola un momento veo como entra el dichoso detective y se pone a revisar toda la habitación.
—A lo que he llegado— lo escuche susurrar— Ahora debo cuidar a una estúpida niña que para completar es muda.
Lo escuche susurrar más palabras nada bonitas a mi persona pero hacia como si no lo escuchaba, solo para que mi enojo no subiera un décimo más, porque estaba por explotar.
Un tiempo después puedo ver como mi nana con una bandeja en manos.
—Mi niña, ¿Cómo estás?—dijo poniendo todo en el buró que está cerca de la cama— Ya tu madre me ha dicho que ha pasado., tranquila que como la mejor nana que soy te traje tu cuaderno para que así sea más fácil comunicarte.
"Gracias nana, eres la mejor"
Le escribí nada más teniéndolo en mano.
—¿A sí que te tienen vigilada eh?— dijo viendo como Monroe se ponía al lado de la puerta como si de una estatua se tratase— Al menos debían ponerte un joven guapo de esos que tanto escribes.
Ahora que lo pienso, ¿Por qué no hicieron eso? A claro, estamos hablando de que mi padre es el hombre más celoso y sobre—protector que puede existir.
"Mi padre es el mejor. Pero este detective tiene algo que no me gusta"
—Créeme que a mí tampoco, para más decirte a poco minutos de tu padre avisar que necesitaba un detective el apareció— dijo mi nana en un susurro— y además dijo que solo podía cuidar a una persona, ya que tu padre quería un guardaespaldas que cuidara de tu madre y de ti, pero el solo te escogió, por eso mi niña ten mucho cuidado con él.
Luego de eso no dijimos nada más del tema y nos pusimos a hablar de cualquier tema, o bueno ella hablaba y yo escribía y así paso el día.
Al tiempo me fui a mi habitación y luego de que el supuesto detective revisase hasta mi ropa interior y me dejara sola, me fui a dar un baño y así quitarme el pijama la cual no me había cambiado en todo el día.
Luego de darme un merecido baño y de revisar que todo esté en orden (O sea poner seguro a mi puerta y ventana) me tire a mi cama y en menos de 5 minutos me quede dormida.
Elián
Desperté muy sobresaltado al sentir como si algo no me dejase respirar a la vez de que me quemaba la marca de nacimiento que tengo en el pie.
Me levante de un salto de la cama pero al querer dirigirme al baño una fuerte sensación de angustia y miedo se apodero de mi haciendo que suerte un grito que por lo que veo no fue tan bajo como creía, ya que al rato apareció mi papá muy preocupado.
—Elián!— dijo al verme tirado en el suelo retorciéndome de dolor— hijo ¿Qué tienes? ¿Dime algo?
Quería hablarle, pero de mi boca solo salían quejidos, mi padre asustado fue en busca de mi medicamento y al rato de ponérmelo solo pude decir algo antes de dormir o desmayarme:
—Ella está en peligro— luego de eso todo fue oscuridad.
Al abrir los ojos puedo ver a mi padre hablar con un médico y a mi madre preocupada siendo atendida por una enfermera mientras está sentada al lado de lo que parece es mi cama.
— ¿Mamá? ¿Qué tienes? ¿Estás bien?— eso fue lo primero que dije, ya que me moriría si por mi culpa mi madre tenga una recaída.
—Tranquilícese joven— dijo el médico acercándose— su madre solo estaba un poco alterada pero ya está mejor. Puede decirme cómo se siente ¿le duele algo? ¿Tiene mareos o dolor en el pecho?
Todo eso lo decía mientras pasaba una molesta lucecita de un ojo a otro.
—No doctor, me siento bien—dije mientras veía como mi padre abrazaba a mi madre por detrás.
—Bueno joven, lo que usted acaba de pasar es un ataque de pánico y por lo que dice su historiar no es el primero— dijo mientras revisaba una carpeta— lo que sí es extraño es la magnitud de este. ¿Dígame ha estado usted en un ambiente de extremo extras?
Yo solo negué, pues sinceramente solo he tenido un ataque y solo fue cuando me entere del problema de mi madre. Así sucesivamente fui respondiendo todas sus preguntas y el doctor me mando a hacer estudios.
Luego de todo ese rollo y de que el doctor se fuera, mis padres entraron a la habitación y ambos de pusieron al lado mío y sin decir nada me abrazaron.
Todo el día mi madre no se separó de mi lado y sabiendo que la que en verdad necesita ayuda es ella, no me permite ni levantarme, ni siquiera cuando ella misma se queja del dolor que le causa hasta caminar.
Luego de un tiempo mi padre entra a la habitación y se lleva a mi madre a descansar y cuando creo que al fin puedo estar un rato solo, mi padre vuelve a entrar y se sienta al lado mío.
—Elián no sé si te acuerdas, pero antes de desmayarte dijiste algo un poco confuso— dijo muy serio— dijiste algo como que alguien está en peligro, específicamente una chica.
Todo era confuso, sabia de lo que hablaba mi padre pero aun así no tengo idea de quién es que hablaba.
—Sé que es una locura y todo— dije un poco dudoso— pero en ese momento puedo jurar que lo que sea que pasó no fue a mí el que le estaba pasando.
—Explícate— dijo sin más.
—Es que yo sentía el dolor, la angustia y todo lo demás, pero era como si sintiera el dolor de alguien más— no podía dejar de imaginar a alguien sufriendo así— Además la marca de mi pie empezó a quemar pero ahora esta como si nada.
Mi padre se quedó callado un buen rato hasta que se levantó y dijo:
—Hijo será mejor que descanses, mientras iré a investigar algo— camino hasta la puerta y entonces se detuvo— pero creo que tengo una vaga idea de lo que está pasando.
Dicho esto salió y cerró la puerta, dejándome así con miles de preguntas en mi cabeza.