Capítulo 8

2630 Words
Levana Ya ha pasado un tiempo desde lo ocurrido entre Elián y yo en la tienda y desde ese momento hago lo posible para evitarlo, sus palabras me hicieron recapacitar y él tiene toda la razón (Cosa que nunca le diré), no debo seguir quejándome de lo que paso y olvidarme de lo que tengo ahora como son mi madre, Mía y mi pueblo. También eh estado pensando en lo que me propusieron los padres de Elián, y aunque al principio quise negarme, estuve pensado que sería una buena manera de seguir mi entrenamiento y poder controlar mi poder, por lo que acepte y ya hoy vamos a la inscripción de la universidad y a la del colegio de Mía, aunque sinceramente lo de Mía no me convence mucho, tengo miedo de que algo le pase estando lejos de nosotros. —Levana, Elián tranquilos— escuche la voz de Jasón haciendo que saliera de mi pensamientos— Ella estará bien, ya conocerán a Isabela y verán que es buena persona y cuidara de Mía. Vamos camino a la inscripción de Mía a su nueva escuela y luego a mi examen de la universidad y aunque no quería que Elián nos acompañara él dijo que es su responsabilidad como padre de Mía acompañarla en todo lo referente a ella, y aunque no me guste decirlo, tiene un buen punto el maldito. —Aquí es— dijo Jasón mientras se estacionaba para luego ayudar a Mía a salir— ¿No es bonito tu futuro colegio Mía? Es verdad que era bonito, todo muy colorido y con muchos juegos en el patio. —Es muy bonito— dijo Mía mientras miraba todo con una gran sonrisa en su rostro— ¿Aquí estudiare? —Claro pequeña, solo si tus padres lo aceptan— dijo Jasón mirándonos con una sonrisa desafiante— Si ellos dicen que no, creo que tendríamos que buscar otra, pero no creo que igual de bonita que esta. Por favor mami, por favor p**i, digan que si— dijo mientras no miraba suplicantes. Elián y yo nos vimos angustiados, pero así como nos vimos quitamos la mirada. —Está bien preciosa— dijo esta vez Elián— pero deberás prometernos cuidarte mucho y si ves algo extraño decírselo a Isabela para que nos llame. — ¡Gracias p**i, eres el mejor!— dijo mientras saltaba a sus brazos— prometo cuidarme muy bien, así tú y mi mami no se preocupan tanto. Luego de eso nos dirigimos a lo que según Jasón es la dirección, donde debemos inscribir a Mía y nos puedan presentar a su nueva maestra. —Buenos días, ¿En qué puedo ayudarles?— dijo una mujer de edad mayor sentada detrás de un escritorio. —Buenos día, venimos hablar con la directora Isabela— dijo Jasón mientras sacaba algo de su bolsillo y se lo daba a la mujer— Tenemos una cita pautada. Ella solo asintió y nos permitió pasar. Dentro había una mujer de no más 30 años que estaba en una silla con ruedas. —Jasón, cuanto tiempo querido— dijo la mujer nada más entrar— ¿Dime que era eso tan importante que querías decirme? —Mucha Isabela— dijo Jasón mientras le da un abrazo— Más que decirte, quería pedirte un gran favor. —Claro, ¿De qué trata?— dijo mientras nos señalaba que nos sentáramos. —Ella es Levana, Mía y Elián— dijo mientras nos presentaba— Elián es mi hijo y Mía es su hija junto a Levana. Yo estaba a punto de hablar cuando Elián me tomo de la mano y me hizo una seña de que no dijera nada, por lo cual me quede callada y solté mi mano de su agarre, ya que me sentía muy incomoda a su tacto. No sabía que tuvieras un hijo— dijo mientras sonreía de una manera que no me gusto para nada— y mucho menos una nieta, ¿Tanto ha pasado desde la última vez? —Si eso parece— dijo mientras se mantenía serio— pero lo que te quiero pedir es sumamente importante, necesito inscribir a Mía en tu Colegio. —No hay problema en eso, lo que no entiendo es ¿Por qué es tan importante?— dijo mientras se ponía igual de seria. — ¿Recuerdas de lo que te hable hace mucho tiempo?— dijo Jasón mientras sacaba lo mismo que le enseño a la mujer que nos dejó pasar— Está pasando y estamos involucrados. Isabela solo abrió los ojos y luego nos dirigió una mirada a cada uno hasta que dio conmigo. — ¿Es ella en verdad?— dijo con una mirada de ilusión— No puedo creerlo. — ¿Qué es lo que está pasando papá?— pregunto Elián igual o más confundido que yo— ¿De qué es lo que hablan? —Ya se le explicara todo, pero primero debemos ir a otro lugar— dicho esto Isabela se acercó a una librería que tenía detrás y tomo un libro haciendo que esta se moviera dejando ver un gran pasillo— Síganme. Jasón la siguió sin dudar, mientras que Elián, Mía y yo tardamos más en seguirla. —Pase lo que pase no nos separemos— dijo Elián mientras tomaba a Mía en brazos y se acercaba a mí— Esa mujer no me causa confianza. —A mí tampoco— dije mientras veía como hablaba con Jasón— tiene algo en su mirada que me da escalofríos. El camino era muy oscuro, solo es alumbrado por unas antorchas dándole un aspecto sombrío. Esperen aquí, ahora regreso— dijo la al Isabela mientras entraba a una habitación y nos dejaba en el pasillo. — ¿Es tan misteriosa siempre?—pregunto Elián, aun con Mía en brazos. —Sinceramente no— dijo su papa confundido— Ella es más abierta de lo que es ahora. Nuestra plática fue interrumpida por un grito muy espeluznante, que venía de la habitación donde entro Isabela. Todos nos pusimos atento a lo que pasaba, y entramos a la habitación donde estaba una Isabela amarrada en una esquina, y la que supuestamente era la verdadera junto a su lado mientras la apuntaba con una espada. — ¿Ves lo que haces estúpida?— dijo la que tenía la espada mientras le acercaba la misma al cuello. — ¿No podían esperar a que yo los buscara? Ahora tendrán que ver como mato a esta. En eso, algo o mejor dicho alguien se le tiro encima haciendo que esta se moviera y saltara hacia lo que parecía una plataforma. —Chicos salgan de aquí rápido— dijo Jasón mientras se acercaba a la verdadera Isabela y la desataba y la ayudaba a pararse. —No se irán tan rápido— dijo la impostora mientras nos miraba con furia— No sin antes darme a la princesa. Dicho esto salto hacia nosotros mientras se transformaba en un ser espantoso. — ¡No dejen que los toque!— grito Isabela mientras se apoyaba de Jasón— Es una Erinia y si lo hacen estarán condenados. — ¡Mami, cuidado!— al voltear pude ver como la Erinia se acercaba a mí por lo que por instinto me agache haciendo que esta choque con la pared. ¿Esta es el colegio seguro que decías Jasón?— pregunte mientras corría y la Erinia me perseguía— ¿Qué hay que hacer para que esto termine? ¿Cómo demonios me voy a deshacer de es Erinia? Escuche como “alguien” susurraba algo. Pero no logré entender lo que era. De pronto un extraño humo n***o salió de todos los lugares posibles. ¿Qué se supone que es esto? Mis ojos empezaron a cristalizarse y el humo n***o, me transporto a un lugar muy siniestro, se parecía más a los relatos que me decía mi padre de como es el mundo de su hermano Hades, un lugar para nada bonito por cierto. Pero bueno, ahora debo encontrar la salida de este lugar. ¿A quién se le ocurre enviarme a este lugar tan espantoso como este? Solo Hades puede hacer esto o su esposa Perséfone. Por lo menos logré escapar de la Erinia esa, aunque no sé dónde están los demás. — ¿Mía? ¿Elián?— dije llamándolos pero solo escuchaba diversos susurros que no se entendían lo que decía— ¿Jasón? ¿Isabela? ¿Alguien? A lo lejos logré ver a una chica, llevaba su cabello alborotado, un vestido andrajoso y varios golpes en la cara. La tristeza era notable en su rostro, me acerqué lentamente a ella. Le sonreí, por un extraño motivo siento que la conozco. Es peculiar pero reconfortante. — ¿Qué te sucedió pequeña? —le pregunte tiernamente, pero con un deje de duda. —Acabo de escapar de donde me M...me ma...maltrataron y no… se… con…o lle…guea…qui—respondió sollozando inconsolable mente. Es tan lamentable todo lo que le sucedió, desearía ayudarla, pero no sé cómo. Tranquila pequeña, te prometo que todo estará bien, yo te ayudare a encontrar la salida —le dije amorosamente tratando de consolarla— Además yo también no sé cómo llegue a este lugar, por lo que podemos ayudarnos mutuamente. Aquella chica sonrió y de pronto ambas fuimos transportadas a otro lugar, solo que este era más cálido y con luz, simplemente era hermoso y no sé porque, pero esto me emociona tanto. —Demostrasteis ser noble de corazón, ayudando y siendo capaz de ayudar, aunque estés en la misma situación. Es por ese motivo que estas aquí lugar donde pocos tienen la oportunidad de entrar “El Olimpo” y ante mí. Para muchos soy conocida como una de las hijas de Zeus, soy la semidiosa Alexandra, poseo la habilidad del invierno y estoy dispuesta a ayudarte en todo lo que necesites —anunció la chica, transformándose en una hermosa semidiosa, de cabellos cual oro puro y ojos azules, como el invierno. Su piel blanca y la hermosa corona sobre su cabeza. Solo resaltan su increíble belleza. —Y...yo no creo ser digna de estar ante su presencia, pero agradezco sus buenas intenciones —musite intentando no hacer enojar a la gentil semidiosa. Algo me enseño mi padre y es que, si quieres estar bien en tu vida, nunca, pero nunca ofendas un semidiós y menos a un dios, no importa quien seas o lo que seas y eso aplica hasta los mismo dioses, aunque claro, eso no les importa a los tres grandes. —Sí eres digna de estar ante mí presencia, creerme Levana. Tú tienes un gran destino por cumplir y yo quiero ayudarte, admito que lograste ganarte mí confianza —comentó Alexandra envolviendo me en una tela de hielo. —Ok. Está bien, pero por favor no vuelvas a utilizar tú don en mí, es raro—le pedí sonriente, inmediatamente ella me liberó. —Disculpadme jajaja a veces es divertido hacer de las mías, pero bueno. Creo que es hora de que ambas vayamos con el padre de tu hija —insinuó pícaramente la alocada semidiosa. Las imponentes puertas del olimpo se abrieron. Alexandra susurró algo, e inmediatamente una luz blanca nos llevó a donde todo empezó; junto a la Erinia. Elián Después de que Levana desapareciera, la maldita Erinia nos empezó a****r. Todo era un caos. Mi padre estaba por un lado intentando proteger a Isabela y al mismo con la espada que tenía la Erinia al principio. —p**i, tengo miedo. No quiero estar aquí —susurro Mía empezando a sollozar. —Shh tranquila cariño, todo estará bien, muy pronto volveremos a encontrar mami —le dije tratando de calmarla, mientras nos seguíamos ocultando, ya que no podía, ni quería, dejar a Mía sola. —Ustedes tienen una gran conexión –dijo Isabela mirándonos desde lejos. — Creo que esto te puede ayudar. Luego me tiro una especie de anillo. —Debes pensar en lo que necesitas y él se convertirá— dijo al mismo tiempo en que tomaba la cadena que tenía y esta se trasformaba en un arco y tomando otro anillo, pero este en flechas. Luego empezó ayudar a mi padre a defenderse, pero en un descuido la Erinia casi atrapa a mi padre, pero este rodo por el suelo, pero para su mala suerte choco con un hierro cortándose el brazo. — ¡Abuelo!— grito Mía asustada, soltándose de mis brazos y corriendo donde él. — ¡Mía!— en ese momento sentí más que terror, al ver como la Erinia se acercaba a toda velocidad a donde Mía pero algo, o mejor dicho alguien lo evito. —Tocas a mi hija y la muerte será poco para ti— dijo apareciendo Levana junto a otra mujer. Dicho esto la mujer extraña hizo algo extraño con sus manos y congelo a la Erinia. —Isabela, no creo poder contenerla por mucho tiempo— dijo la mujer mientras se le veía haciendo un gran esfuerzo— Quiero que dispares una flecha a su corazón y tú Levana, la guiaras para que no falles. — ¿Peor como piensas que hare eso?— dijo Levana muy confundida. —Es hora de que pongas en práctica todo lo que tu nana Claudia te enseño— dijo mirándola con una sonrisa. Ella se sorprendió por lo que dijo la mujer y con los ojos cristalizados asintió. — ¿Listos? ¡Ahora!— grito la mujer. En ese momento Isabela disparo una flecha, Levana tomando un gran respiro dio un grito que era sumamente poderoso y con sus manos hizo como si le diera una dirección especifica haciendo que la flecha diera justo en el corazón. —Vamos chico, necesito que le cortes la cabeza o no servirá de nada— dijo la mujer mientras me sacaba de mis pensamientos. Yo no sabía de donde sacar una espada, ya que la de mi padre desapareció, pero de un momento a otro el anillo que tenía en la mano brillo y dejo ver una espada con un plateado muy brillante. Luego de tener la espada preparada, le di una mirada a mi padre y él sabía que quería decir, así que le volteo la cara a Mía y solo así me atreví a cortarle la cabeza a esa Erinia, haciendo que esta se convirtiera en polvo. —Al fin— dijo la mujer mientras daba un suspiro— me hace falta un poco de práctica. —Has perdido el toque Alexandra— dijo Isabela mientras sus armas volvían a primera forma. —No tanto como tú— dijo la tal Alexandra mientras se acercaba a ella, la ayudaba a subirse a una silla de ruedas y se daban un abrazo. — ¿Cómo es que dejaste que esto pasara? —Créeme que es una larga historia— dijo Isabela con una mueca— ¿Pero qué te trae por aquí? —Vine a ayudar a la causa— dijo sonriente, pero al ver la cara de mi padre y la mía pareció que se recordó de algo— A cierto, mucho gusto mi nombre es Alexandra y soy uno de las hijas de Zeus y soy la mejor amiga de esa ninfa testaruda que tienen aquí. Isabela solo sonrió y tomando el brazo de mi padre lo curo. —Mami— dijo Mía corriendo hacia ella— No te vuelvas a ir así, por favor. p**i me prometió que volverías pero tenía mucho miedo. —No fu mi intención querida, pero te prometo que no volverá a pasar— dijo mientras la abrasaba y luego se acercaba a mí— Gracias por protegerla. Dicho esto hizo algo que nunca pensé que haría; Me abrazo.
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