31Loreley miró petrificada el fuego que avanzaba en espiral hacia ella, preparado para atraparla. Intentó retroceder pero las piernas no respondían a sus deseos. Gritó de terror. Algo o alguien la mantenía bloqueada. ―No podemos darle otro calmante: está embarazada ―dijo una voz masculina. ―¡Dejadme ir! ―suplicó ella. ―Cálmese, aquí está a salvo. Abrió los ojos y poco a poco las imágenes aterradoras de la llamas desaparecieron para dejar sitio a la de un hombre de media edad en bata blanca y a una joven mujer con uniforme de enfermera. Sintió las ligaduras alrededor de los brazos aflojarse. ―¿Estoy en el hospital? ―preguntó con un hilo de voz. ―Sí, miss Lehmann. La mente le mostró imágenes de aquella noche, como en un breve resumen del último episodio de una serie. Ella estaba sana

