Otro día en la mansión McNight, estoy de pie frente al espejo con una falda larga rosa de punto y un crop top blanco, afortunadamente, Sandra tiene buen gusto. – Martin! – Le hablo. – ¡Qué! – Grita desde el baño. – Vamos, quiero volver al hotel. – Sólo un momento. Llevaba un rato en el baño. Decido bajar por un vaso de leche, tengo hambre y no tengo tiempo para esperar a Martin. – Buenos días, niña. – Dice el señor Rodolfo apenas entro a la cocina, estaba tomando café. – ¡Buen día! – Hablo y me acerco a él para abrazarlo, estaba sentado en la mesa. – Que hermosas estan ustedes dos. – Habla y sonríe. – Gracias. – ¿Vas a desayunar? – Sí, comeré en el camino. – Le digo. – ¿Y cómo está mi nieta? – Muy bien y con un poco de hambre. – digo y paso la mano por mi barriga. – Morgana

