El blanco de las cortinas y paredes, me transmitían paz. Con mucho esfuerzo conseguí ver un ramo de rosas frescas sobre la mesa. ―Es un hospital… ―murmuré con la voz rasposa, tenía un dolor leve en la cabeza. En cuanto quise incorporarme sentí como si todo el cansancio del mundo se me viniera encima, tuve que volver a recostarme en la cama. En ese momento me di cuenta que no estaba solo en la habitación. ―¿Jean? ―Cariño, ¡despertaste! Era mamá que dormitaba en el sillón para visitas. En mis delirios había creído que era Jean, al comprobar que no era, algo se quebró en mí. Al escucharme balbucear se acercó a la cama. Notaba mi agitación y trataba de calmarme. ―Ah, querido. Descansá, estarás mejor, ya verás… La puerta se abrió e ingresaron un par de doctores y una enfermera. ―Necesit

