— ¿Mami? ¿Eres tú? — Symond abrió vagamente los ojos y empezó a acariciar el mentón de Jack con una boba sonrisa, mareado.
— Ya estás despierto, que bien. — Jack lo dejó caer al suelo apenas mostró rastro de consciencia.
Emille ayudó a que Symond se colocará de pie sobre el suelo, él se apoyaba en ella mientras caminaban. — Cielos, sentí que esta vez si no lo contaba. — Se echó a reír. — ¿Qué me habrá dado esa señora? Siento que todo da vueltas a mi alrededor ¿Me das un besito para sentirme mejor, pequeña Emi?
— Sea lo que fuera pudo curarte. — Emille pasó el brazo alrededor de su espalda para ayudarlo. — Por favor, no lo hagas de nuevo ¿Si?
— En eso estoy de acuerdo, así como también en que puedes caminar por ti mismo. — Jack se lo quitó de encima de una manera muy brusca, Symond cayó directo al suelo. — Casi te mueres por ser estúpido.
— Les juro que he comido de esas bayas antes y nunca me había intoxicado ¿En qué momento crecieron de las venenosas? — Lloriqueó arrastrando los pies.
— Ninguna baya silvestre es confiable. — Dijo Jack. — Pero la manera en que nos corrieron fue demasiado extraño, Emille ¿Ya la conocías?
— Claro que no. — Contestó. — Ella enloqueció con ver mi marca y luego nos echó, ni siquiera sabía que existía ¿Cómo podríamos conocernos?
— Sea como fuera es bastante extraño. — Dijo Symond en un bostezo. — Pero ya no hay tiempo de pensar en eso, ¿No creen que está haciendo calor repentinamente?
— Yo muero de sueño. — Dijo en un bostezo Emille.
— Ni que lo digas, Symond nos mantuvo despiertos toda la noche. Me fue difícil el dormir al final.
— Tú ni siquiera estabas durmiendo, estabas sentado frente a la fogata mirando dormir a Emille como un lunát… — No terminó de hablar cuando ya le habían estampado un manotazo en la cara, cortesía de Jack.
— Tenías un mosquito, de nada. — Se sacudió las manos mientras Symond se quejaba por el golpe.
— Ya dejen de pelearse, no estoy de humor para eso. — El sol que los abrasó comenzaba a hacer que llevar la capa fuera pesada, tuvo que quitársela, la piel le sudaba mares.
Sus compañeros estaban igual, Jack incluso se quitó la camisa y Symond se recogió el cabello. El caminar de todos mostraba cansancio.
— ¡Voy a morir! ¿No tenemos agua con nosotros? — El primero en quejarse por el calor fue Symond.
Emille negó. — Necesitamos apresurarnos y llegar al siguiente lugar antes de morir deshidratados, Jack — Él le prestó atención de mala gana. — ¿Cuánto nos falta para llegar al siguiente pueblo?
— No lo sé, alrededor de día y medio.
— ¿Crees que podamos aguantar?
Symond empezó a zarandearla— ¡¿Qué clase de pregunta es esa?! Trata de aguantar día y medio sin respirar a ver si no te mueres.
De nuevo Jack lo apartó, limpiándose de la mano el sudor de la frente de Symond. — Si sigues de quejica te abandonaremos aquí.
— ¿De verdad harías eso? ¡Que cruel!
— ¡Alto! — Todos se quedaron en silencio por un momento. — ¿Alcanzan a escuchar eso?
— No. — Respondieron los dos varones al unísono.
— ¡Tienen que dejar de golpearse entre sí para notarlo! — Tuvo que ponerse de pie en medio de ambos para que se mantuvieran quietos por cinco minutos. Cuando de verdad hubo silencio dijo — ¿Lo notan?
Como el sonido del agua que fluye por una catarata. — Es imposible que haya agua por aquí, el mapa no dice nada al respec… — Jack tenía el mapa al revés. — Vaya, parece que encontramos oro.
— Y me llaman estúpido a mí. — Se burló Symond.
— Vuelves a decir algo como eso y no la cuentas.
Emille suspiró y los dejó matarse entre sí mientras caminaban, tendrían que desviarse de la ruta para tomar agua, pero no implicaba mucho problema. Subieron la colina, en la parte de atrás era un mundo diferente.
Igual que sacado de una historia fantasiosa, un hermoso lago brillaba en el medio junto a una catarata. Tanto ella como sus acompañantes corrieron muertos de sed hacia la orilla y sumergieron ambas manos juntas en el agua, formando un pequeño pozo para lograr beber.
— ¡¿Qué creen que están haciendo?! — Asumió que aquello que la golpeó y la hizo tirar el agua brillante fue una mano, aunque estaba demasiado baboso para serlo. Cuando todos alzaron las miradas vieron aquello que al menos Emille creía imposible que existiera, con su cabello brillante y adornado con cosas marinas, una sirena igual que la de los cuentos de hadas no los dejó beber de sus aguas. — ¿Están tratando de robarme, ustedes, monos sin pelo?
¿Cómo les había llamado?
Pero era tan bonita que Emille no pudo resistir las ganas de tocar su cabello suave y húmedo, pero aquella sirena se aleja de golpe y hace que pierda el equilibrio, de no haber sido por Jack hubiera caído al agua. — Vuelves a intentar peinarme terminarás siendo comida para delfines.
— Emille, ya hablamos sobre esto. No debes impresionarte. Es lo que les gusta a ellas.
— ¡Pero es que es una sirena, Jack! ¿Cómo no voy a impresionarme? — Exclamó eufórica, señalando al embelesado Symond. — ¡Hasta él está encantado!
— Symond tiene el cerebro del tamaño de un maní, Emille, tú eres capaz de pensar con raciocinio.
— Miren lo que ha traído la marea, niñas. — No estaba sola, del agua salieron muchas más a flote. La que antes los regañó se acercó melosamente a Jack. — Un hombre muy guapo ha venido a visitarnos, ¿Cómo no vamos a tratarlo bien?
No estaba loca, porque definitivamente la vio mover las aguas para cargar a Jack y colocarlo justo en medio de una roca, donde estaba un sillón y comida que nadie sabe de dónde sacaron tan repentinamente.
— Estás tan sucio ¡Y desnudo! Necesita vestirse.
— Debemos cambiar su atuendo por completo.
Murmuraban entre ellas.
Hasta que Symond decidió hablar — Él viene con nosotros, exigimos las mismas atenciones o nos lo llevaremos de regreso, sirenita.
Jack asintió.
— Me llamo Sarenea, no sirenita. Mono. — Al ver que Jack estuvo de acuerdo chasqueó los dedos para aparecer más de sus criadas. — Bien bien, atiéndalos también.
— Señorita Sar, ¿No es ese aquel hombre que le robó sus estrellas de mar?
Al escuchar eso Jack y Emille quisieron matar a Symond con sus propias manos, quien al ver las miradas que les dedicaron sus compañeros se les puso los pelos de punta. — ¿Eres tú, Harry?
¿Harry?
Symond les echó una mirada cómplice. — Sí, soy yo. Harry. Y no me llevé tus estrellas de mar, simplemente las encontré tiradas, las guardé y olvidé en dónde las coloqué.
— No te creo nada, bastardo mentiroso.
— ¡Hey! ¿No me estabas atendiendo? — Jack impidió que ella lo ahorcara con sus propias manos.
— ¡¿Acaso le has robado algo a todo el mundo?! — Le susurró Emille a Symond.
— Es probable, llevo una vida muy alocada.
— ¡Eso no es nada para estar orgulloso!
La condición era que ninguno de los dos podía entrar a las aguas. A todos les ofrecieron un cambio de ropa realizada por las mismas sirenas, el traje de Emille era muy descubierto para su gusto, en lugar de tela parecía piel de color azul marino con bordeado dorado. El tradicional escote en corazón y una decoración dorada en conjunto a partes de tela que bajaba en algún tipo de espiral hasta unir el traje con la falda, sin mencionar lo descotado de su espalda. ¿Qué tanto les molestaba usar un poco más de ropa para su traje?
El traje de Symond llevaba los mismos tonos y era simplemente una camisa con un pantalón bastante sencillo, el decorado de la camisa era como el de algún militar, con broches dorados y cadenas que los unían. Ya no parecía tanto un vagabundo, pero las sirenas se negaron a limpiar su sucieza en sus aguas.
Y para rematar Jack, a quien vistieron como un príncipe. Con hombreras y capa y en la cabeza una corona realizada con caracolas y perlas.
— Tienes un cabello tan bonito. — Marina, su nueva amiga le estaba haciendo una trenza, incluso le colocó un accesorio de estrella de mar en el cabello. — Y la ropa te queda bellísima, tienes bonitas piernas. Debe ser divertido tener unas de esas.
¿Dónde había escuchado antes esa historia?
— Tú también eres muy bonita, quisiera tener tu suerte de ser una sirena.
— ¿Crees que tu amigo me considere bonita?
— ¿Quién, Jack? — Ella negó. — ¿Sym…Digo, Harry?
Con el rubor subido a su bronceada piel asintió. — ¡Es tan guapo! Me gustan los que lucen como si odiaran la vida tanto como para arreglarse.
Emille trató de no reírse y ambas vieron a Symond ser marginado, sentado en el pastizal con mala cara como perrito regañado.
— Que linda ha quedado nuestra invitada, Marina. ¿Crees que puedes atender a Jack? tengo una propuesta que hacerle a Emille. — Marina las dejó a solas. — ¿Te parece bien si recorremos un poco las aguas?
— ¿De qué quieres hablar? — Emille estaba sentada a la orilla y Sarenea se sentó a su lado, tenía un aroma frutal increíble.
— Quiero que sigas tu camino y dejes a Jack con nosotras, lo cuidaremos bien. — Eso le sorprendió a Emille. — Me he dado cuenta de que mi prometido te mira demasiado y no me gusta, así que quiero que te marches justo ahora. Necesita estar separado de ti para adherirse a mí como su esposa.
— ¿Qué? — Quiso reírse, pero la cara de Sarenea mostraba que ella iba en serio. — ¿En qué momento aceptó casarse contigo? Lo siento, no me iré sin Jack, lo necesito.
*Boda improvisada de sirena*
— Sí, sabía que dirías algo como eso.
Su mirada se ensombreció de repente y, cuando terminó de chasquear sus dedos algas marinas salieron de debajo de las profundidades acuosas para sujetarla de los pies y las manos. — ¿Crees que me asustan tus plantas acuáticas?
— En realidad te estaba dando una oportunidad para retractarte.
Y la hundió bajo el agua.
Symond despertó de una pequeña siesta de repente, rascándose la cabeza. A su alrededor todo lucía normal, tal y como quedó cuando se acostó a dormir. Jack siendo atendido por una innecesaria cantidad de sirenas y demás criaturas raras, Emille conversando con su nueva amiga sobre una roca.
No, un segundo, no la vio.
— ¡Jack! — El apenas se movió para escucharlo — ¿Viste dónde está Emille?
— Con su amiga sirena ¿No? Quién sabe.
— Gracias por nada, imbécil.
Decidió buscarla solo caminando por la orilla del agua, incluso vio a Marina deambulando por ahí y no tardó en llamarla. — ¿Viste qué se hizo Emille?
Pero ella negó. — Había ido con Sarenea pero ella regresó sola diciendo que Emille decidió tomar un descanso.
— ¿Un descanso? — Marina asintió. — Ayúdame a buscarla, por favor.
Mientras el glotón de Jack dormía él gritaba el nombre de su amiga por todos lados, pero no aparecían rastros de ella. — ¡Emille! ¿Dónde estás?
Unas burbujas reventándose en un punto del agua y una sombra paralizada debajo lo hicieron asomarse, el alma le cayó a los pies. — ¿Será…?
Pero cuando intentó entrar unas pirañas se lo impidieron, lo tenía prohibido. — ¡Yo te ayudaré a revisar qué es!
— ¡Gracias, Marina!
Se asustó al ver que quien estaba cautiva bajo el agua sí era la chica que estaban buscando, fue casi imposible romper el agarre que hizo Sarenea. — Resiste un poco más, Emille.
Ella estaba inconsciente, Marina trató de moverse rápido antes de que el campo de algas la atrapara a ella también. Pero le fue casi imposible y tuvo que volver a la superficie. — ¡Está atrapada, sin algo filoso no puedo cortar las algas!
Symond se revisó tanto a él como a los alrededores, todo lo que encontró fue uno de los espejos de las sirenas y al estrellarlo contra una piedra pudo obtener un fragmento filoso que en seguida le lanzó. — ¡Úsalo rápido! — Marina regresó al agua, gracias al espejo roto fue capaz de cortar las ataduras de Emille y sujetarla con fuerza para llevarla hasta la superficie de nuevo, donde Symond la cargó para acostarla sobre el suelo.
Emille no reaccionaba, no importaba cuántas veces golpeara su rostro o presionara su pecho para que escupiera el agua. — ¡Dale respiración boca a boca!
— ¿Qué?
— ¡Que le des respiración boca a boca! ¡¿O prefieres dejarla morir así?!
Symond no estaba del todo seguro de aquello, tuvo que despejar las vías al sujetar bien al cabeza de Emille para poder soplar y luego separarse para presionar repetidas veces en su pecho. Así constantemente. — ¡No funciona! ¿Qué hago? — Justo cuando comenzó a entrar en pánico Emille escupió agua. En seguida la colocó sentada mientras ella comenzaba a vomitar y él le palmeaba la espalda. — ¡Emille! ¿Estás bien?
No le respondió, luego de sacar el agua de sus pulmones volvió a desmayarse.
— ¡Que alivio! — Marina se llevó la mano al pecho. — Espera, Harry ¿Estás llorando?
Él se sorbió la nariz, cargando a Emille desmayada entre sus brazos. — Claro que no, no seas tonta.
Ambos regresaron al lugar donde estaban las demás, convirtiéndose en el centro de atención de inmediato.
— ¡Santos cielos! ¿¡¿Qué ocurrió?! — De un brinco Jack se colocó de pie.
— Que tú ‘’Amiguita’’ Trató de ahogar a Emille mientras tú estabas muy contento recibiendo atenciones. — No dejó que Jack la cargara. — ¿Qué hubiera pasado si no decido ir a buscarla? ¡Ni siquiera sabías dónde estaba! ¡¿Y me llamas a mí idiota?!
— Sarenea, ¿Eso es verdad? — Ella asintió. — ¡¿Cómo pudiste tratar de matar a una de mis amigas?!
— ¡Se estaba interponiendo en nuestra relación, cariño! Hice lo que debía hacer. — Trató de excusarse.
— No, no trató de hacer nada. Porque tú y yo no tenemos ninguna relación.
Que dijera eso fue lo que ocasionó la ira de Sarenea, quien envió sus aguas para sacarlos a patadas de allí.
Al menos cayeron sobre un pastizal.
Un pastizal dentro del clan de Venus.