Diez

797 Words
Jack y ella estaban encerrados en aquella asquerosa y oscura celda, todo era de tierra y no había manera de escapar de aquella fosa, Emi se abrazaba a las piernas. — ¿De verdad vas a sentarte a esperar tu muerte? — Jack se le acercó, pero ella rechazó tener que responder. — Vamos, tiene que haber una escapatoria. — ¡Estamos en una fosa! ¿Cómo piensas huir de aquí? — Los pasos de las personas en la superficie estremecieron la tierra, ocasionando que les cayeran algunos trozos encima. — No duramos ni cinco minutos en el viaje y ya vamos a morir ¡No quiero morir, Jack! Jack se puso de pie, había algo de espacio para recorrer. — Te sacaré de aquí, lo prometo. Pero Emi no podía creer en sus palabras. — Venga, ¿Qué hace una jovencita tan bonita en un lugar como este? ¿Qué clase de delito cometiste? — Un hombre se sentó junto a ella con una sonrisa dibujada, estaba incluso más sucio de lo que ella estaba. — Ya veo, chica de mala actitud. ¿Estás aquí injustamente? — ¿Tanto se nota? — Sí, en realidad las mujeres que han parado aquí aceptan su castigo cuando son culpables y no se sientan en un rincón con una ceja alzada ¿Por qué te han traído? — No estaba segura de querer contarle. — Nos acusaron de un saqueo siendo inocentes. Él asintió. — Es normal, aquí cualquiera que no tenga cabellos de zanahoria son acusados de contrabandistas y terminan acá, lástima que ninguno vive para contarlo. — ¿Tú también estás aquí por eso? — Nada que ver. — Negó a la primera. — Yo estoy aquí desde siempre, ¿Sabías que las personas se enojan cuando les robas su comida? Cielos, que egoístas. En una me alcanzaron los guardias y me trajeron hasta acá, pero son muy malos ¿Puedes creer que me alimentaron por última vez hace tres días? Mi estómago pide auxilio. — ¿Y por qué les robas de su comida? — Vivo en las calles desde los cinco años, al principio las personas me alimentaban. Pero luego su actitud fue cambiando, tengo muchas cosas que quiero hacer antes de morir. Por eso robaba comida, para sobrevivir. Notándolo mejor si tenía el aspecto de levar ahí un largo rato, su largo cabello maltratado y sucio le delataba, además de aquellas ropas rasgadas y que toda su piel estaba llena de tierra. Emi revisó en sus bolsillos y logró sacar una manzana, la que ella planeaba comer luego. — Es todo lo que tengo, los guardias se llevaron mis provisiones. Lo necesitas más que yo así que cómelo. — ¿En serio? ¡Gracias, que amable! — Él la devoró en cuestión de segundos, luciendo contento. — Al menos es bueno saber que moriré con gente decente. Por cierto, mi nombre es Symond ¿Tú cómo te llamas? — Emille. — Y dime, Emille. — Se rascó la cabeza. — ¿Hacia dónde te dirigías? — Es una larga historia. — Él se acomodó mejor para escuchar. — No pertenezco aquí, soy de otro lugar y necesito ir con la bruja del bosque Vish para que me diga cómo volver a mi casa. — ¡¿En serio?! Pues ya está, como tú me has ayudado a mí yo voy a ayudarte a ti. — Sonrió ampliamente, igual que un niño pequeño. — Estamos en una cárcel vigilada ¿Cómo podrías? — Ten un poco más de fe, te diré lo que vas a hacer. Antes de que comenzara a hablar regresó Jack. — Veo que te hiciste amiga del vagabundo de la celda, al menos sabremos quién morirá primero. — ¡Jack! — Le regañó. — Él es Symond y nos puede ayudar a escapar. Él arqueó una ceja, pero no se unió a la conversación, dejó que Emi hablara con el demente tanto como quisiera. — ¿Estás seguro de esto, Symond? — Él rasgó las telas del vestido de Emille, volviéndolo más provocativo al dejar que mostrara piel. — ¿Qué pasará si nos equivocamos? — Conozco la cárcel como conozco a mi mano, si quieren escapar antes de ir a la horca hay que asumir ciertos riesgos. Symond tenía razón, necesitaba actuar rápido. Emi se soltó la trenza del cabello y se acercó al guardia con cautela. Desde donde estaban ambos chicos no podían escuchar lo que decía, pero solo la miraban reírse en conjunto al guardia. Quien más atrás abrió la celda para liberarla y llevarla de la cintura. — ¿Qué está haciendo? ¿Por qué se la está llevando? — Jack en seguida se alarmó, empezando a gritar. — ¡¿Qué le dijiste que hiciera?! Symond se encogió de hombros. — El guardia es un contrabandista del mercado n***o, ella lo sedujo. — ¡¿Estás demente?! ¡Abusará de ella, la asesinarán y luego su cuerpo será comida de zamuros! A Symond no le preocupaba, su rostro ni siquiera se inmutó. Porque a diferencia de Jack él sí sabía cuál era el plan que idearon.
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