Maldije y miré como Alessandro se iba con una sonrisa llena de satisfacción, él tenía razón. Era necesario que buscara cómo remediar el daño que le había hecho a Colette. —¡¿Qué haces ahí?! —Cassandra llegó a la piscina y tomó mi mano —ven, tenemos que seguir a mi cuñada y a ese niño bonito. Si Saskia va a poner de su parte para que Alessandro quede con Colette, yo también haré mi lucha, pero será contigo. Él no me da buena espina. Cassandra me llevó a rastras y por poco me viste si no la hubiera detenido. Cuando salí del cuarto, nuevamente fui arrastrado por el pasillo de aquella enorme mansión y subimos en el carro de ella. —Ponte el cinturón, no quiero que me reclames porque saliste disparado por la ventana. Cassandra arrancó de tal forma que brinqué en mi asiento y mi trasero se el

