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Libro 2
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Mark miró a su alrededor. Había hombres armados hasta los dientes, debía de ser cuidadoso. Por Kail y también por su esposa e hija.
—Vamos adentro, Timothy —le hizo gesto.
El recién llegado lo siguió hasta dentro de su casa.
—Lo que has hecho, va a traerte problemas Mark, ese chico es la réplica de su padre —le recordó.
—Él es algo más, Tim —le pasó tres carpetas, en donde se encontraba todos los reportes de las pruebas que le había hecho a Kail desde que había nacido—. ¡Mira por ti mismo!
—¡Joder, Mark! —El comandante exclamó sorprendido, y declaró:— Él es lo que han buscado durante veinte años.
—No puedo entregarlo, ese chico no es mala persona.
Timothy le puso la mano en el hombro.
—Lo has criado como tu hijo. Al parecer has hecho un buen trabajo. Pero sabes que ellos no van a permitir que te quedes con él.
—Es una persona muy valiosa, y m*****o de mi familia —él doctor Porter hizo una pausa—. ¿Ahora me entiendes?
Timothy se levantó del sofá.
—Debemos pensar en algo, Mark.
—Pero no puedes llevártelo, aún no —le pidió.
En ese momento la pequeña Ángela entró a la sala.
—¿A quién quieren llevarse, papi?
—¡Por Dios, Ángela! —su padre exclamó con enojo— ¿Qué te he dicho de espiar a la gente?
La niña miró a Timothy con los ojos entrecerrados, y luego se puso las manos en la cintura, como siempre hacía cuando iba a exponer sus ideas.
—Papá nunca trae amigos a casa —ladeó la cabeza en sospecha—. Hoy usted ha venido de visita sin ser invitado, y mi Kail está preocupado.
—¿Tú Kail? —Timothy preguntó extrañado, y luego miró a Mark.
—Kail es mío, y de nadie más —afirmó la niña, y cruzó las manos en negación.
—¡Dios mío, Ángela! ¿Cuántas veces te he dicho que él no es un juguete? —reprochó su padre—. Kail es parte de la familia, tu hermano.
—Él es bueno, señor. Usted no puede hacerle daño —ella negó con la cabeza—. No puede alejarlo de nosotros.
—Ve a tu cuarto, ¡ahora! —Mark le señaló con el dedo—. Después, tú y yo hablaremos, pequeña alborotadora.
La niña hizo un gesto y salió corriendo.
—Tu hija… —Timothy estaba tan asombrado por la madurez de la pequeña, que no encontraba cómo decir las palabras— Ella es...
—Lo que me quieres preguntar, es si ella es cómo el chico —terminó Mark por él—. No, no lo es. Ángela es una niña normal, pero tiene una adoración por Kail.
Timothy asintió.
—Sabes que debo llevármelo, pero no quiero que tampoco tenga el mismo destino que su padre.
—Eso también es lo que quiero evitar.
—¿Por qué nunca dijiste lo de Grace? —Timothy le soltó de golpe.
—¿A qué te refieres? —Mark se hizo el desentendido.
—Antes de llegar aquí mis hombres me informaron que encontraron a Grace...
Mark abrió los ojos.
—Gracias a ella estás aquí —le recordó.
—¿De qué sirve negarlo? —el comandante se encogió de hombros.
—¿Ellos están bien? —Mark estaba preocupado.
—Tenemos fotos del chico, y es muy parecido a este. Pero la diferencia entre ellos es que tiene cabello oscuro, y ojos color plata.
—Si te preguntas, si Grace está sufriendo por su hijo —hizo una pausa—. La respuesta es sí.
—Es solo un niño, Tim. Debe tener once años aproximadamente. La Triana no puede ser tan cruel, en nombre de la ciencia.
—Quiero ayudarlos, Mark —el comandante se pasó la mano por la cara, en señal de frustración—. Pero lamentablemente, solo soy un hombre y no puedo hacerlo solo.
—Entiendo tu posición —conocía a Timothy, y sabía que era un hombre de principios y honorable.
—Sabemos que creaste dos sujetos de prueba más. Una hembra y un macho, pero el que tienes en casa es el más preciado y lo sabes… —-lo miró fulminante—. Es el que fue concebido naturalmente, no fue producto de una fecundación in vitro -.
—Él es diferente, lo hemos cuidado y criado como nuestro hijo. No es como los demás.
—Me lo llevaré, pero no de la manera que tú crees.
—No entiendo lo que quieres decir —Mark estaba confundido.
—Llámalo —Le ordenó Timothy.
Mark se levantó del sillón donde estaba, y fue por Kail. A los pocos minutos estaba de vuelta con él.
—Kail, él es el comandante Timothy Smith.
—Ya lo había visto temprano, papá —contestó el chico.
—¿Llamas papá a Mark? —Timothy miró confundido a Mark.
—Sé que él no es mi padre biológico, pero ha cuidado y visto de mi como si lo fuera durante todos estos años —respiró profundamente—. Sé también que mis verdaderos padres están muertos, y que eran muy amigos.
—No solo de ellos, Kail… —el chico se sobresaltó, sabía su nombre—. Tú padre fue mi hermano en la casa hogar dónde nos criamos, y mi compañero en el ejército, solo que yo era unos pocos años mayor que ellos —señaló a Mark—. Tú madre era la más pequeña del grupo, cuando me adoptaron. Realmente no la recuerdo mucho.
En el chico la curiosidad creció, pues nadie decía que sus padres eran malas personas. Al contrario le decían que habían sido muy valientes. Pero el Kail era muy inteligente y lo miraba, como si estuviera analizándolo.
—¿Qué es lo que realmente quiere usted de mi, comandante?
A Timothy le sorprendió la pregunta, al parecer hasta en eso se parecía a su padre. Directo al grano.
—Quiero que me acompañes. Hay otras personas como tú.
—¿Y cómo soy, comandante? —cuestionó él chico— ¿Un animal? ¿Una bestia?
—Kail… no digas esas cosas. Tienes una familia que se preocupa por ti —le reprochó Mark.
—Por favor papá todos sabemos aquí que no soy normal —sonrió con amargura y mostró sus dientes.
Que no eran tan grandes pero sí un poco diferentes a los de un humano. Timothy se asombró más aún dio un paso hacía atrás.
—No se asuste comandante, no sé ni siquiera como usarlos, excepto que sea para comer.
—Tienes que venir conmigo. Kail. Tendrás la protección que necesitas, aquí solo pones en peligro a tu familia.
—¿Cómo me protegerá de los que quieren hacerme daño? —cuestionó el muchacho.
—La respuesta es fácil. Entrenándote para que seas uno de ellos, puede que sea mejor que ellos.
—Voy por mis cosas —decidió de manera inmediata, y luego miró a su padre—. Sabes qué es lo mejor, así ustedes estarán protegidos-.
El chico subió rápidamente las escaleras, y tomó las cosas importantes. Cuando ya casi había terminado. La pequeña niña apareció en el marco de la puerta.
—¿Por qué me dejas, Kail? —su voz era solo un murmullo.
Cuando el chico la miró su corazón se le partió en dos. Se sentó en la cama.
—Ven acá pequeña bruja —él estiró el brazo para que ella le diera la mano y se acercara un poco más—. Sabes que te quiero, y que también quiero a Rose y Mark. Pero debo irme ahora, para cuidar bien de ustedes.
La niña negaba con la cabeza.
—Siento que jamás te volveré a ver —sorbió sus lágrimas.
—Por supuesto que vendré. No será muy seguido, pero puedes apostar que lo haré.
—Yo no podré soportarlo..
Kail se levantó, y buscó una pulsera de oro que tenía guardada. Rose le había dicho que pertenecía a Isabella, su madre biológica. Se acercó a la niña. Y trató de ponérsela en la muñeca, pero aún le quedaba muy grande. Entonces ella tuvo la idea de ponerla en su tobillo.
—Eres muy inteligente pequeña bruja —dijo alborotando sus rizos—. Cada vez que me extrañes mira la pulsera que era de mi madre, y piensa en mi. Que también te extrañaré.
Ella comenzó a llorar en ese momento más fuerte, y él no hizo otra cosa más que abrazarla con fuerza. Hacía mucho tiempo que no lloraba, pero en ese momento lo hizo. Kail trató de calmar sus emociones, pues sentía que comenzaba a temblar. Él sabía que su cuerpo no estaba bien, cada vez que deja fluir alguna emoción, sus ojos cambiaban de color. Ella se retiró un poco y lo miró. Le dio un golpe en el hombro.
—No me asustas —negó con la cabeza.
Él soltó su abrazo, y se echó a reír.
—Se que no lo hago, bruja.
Terminó de recoger sus cosas, y bajó con una pequeña maleta en una mano y en la otra Ángela, quien lo agarraba fuerte, creyendo que con ese gesto podía detenerle. Al pie de la escalera se encontraban Rose y Mark, también el comandante Smith.
—¿Estás listo, muchacho? —le preguntó Timothy.
—Si, señor. Lo estoy —respondió firmemente el chico.
Del pecho de Rose salió un gemido, y lágrimas corrían por su rostro. Mientras se abrazaba a su esposo.
Kail bajó las escaleras al paso. Ya que la pequeña no lo soltaba.
Al llegar al último escalón dejó a la niña ahí.
—Debes dejarme ir, Ángela.
La niña llorando negó con la cabeza.
—Volveremos a vernos, mi pequeña bruja.
La niña se le guindó del cuello.
—No quiero que te vayas, Kail.
—Es necesario, Ángela —manifestó Mark tratando de separarla de Kail.
Cuando pudo soltar a la niña, ésta comenzó a gritar:
—¡Eres mío Kail!
Él cerró los ojos tratando de que no le salieran las lágrimas de nuevo. Le dio un abrazo a Rose y luego a Mark. Cuando volvió a ver a la niña ella le dijo muy segura:
—Recuérdalo… ¡Eres solo mío! —le abrazó de nuevo y le apretó la nariz—. Te juro que voy a encontrarte dónde quiera que estés.
Kail solo pudo asentir, y luego mirar a la pareja que había cuidado de él como si fuese un hijo para ellos.