Wopú

1091 Words
La brisa acariciaba su rostro, el olor a mar era más fuerte en ese lugar. Quizás la fría mañana la ponía más nostálgica. Pero, se sentía protegida y completamente abrigada por sus brazos. Allí al borde del mar, recostada sobre Ren. Sabía que era él, podía sentir su calidez e incluso distinguía su olor. -           ¿Te ha gustado tu regalo? -le preguntó él. -           Por supuesto que sí. Sabes que me encantan los cerezos. Volvieron juntos la mirada al árbol que los resguardaba. Estaban sobre un acantilado donde Ren había sembrado el cerezo más hermoso que Lis hubiese visto. Se giró para besarlo y de pronto sintió que caía para segundos después golpearse contra una superficie plana. Cuando abrió los ojos estaba envuelta en sus sábanas. Sobre el piso de la habitación. Se había echado a dormir un rato, cansada por el viaje y el reencuentro con el muchacho. Lo peor que ni sus sueños eran un descanso, pus en ellos, era donde lo veía con más claridad. Aunque sabía que no eran ellos. La ropa y el cabello largo de Ren le demostraban que era un recuerdo. Una visión del pasado compartido entre el Dragón y el Tigre. Compartido, cuánto más habrán compartido. Miró su reloj y decidió levantarse. Debía prepararse. Tenía gente que conocer. Amarilis estuvo lista media hora antes de que Ame viniera a buscarla. Agregó el collar de jade y los escondió bajo sus ropas, quizás lo necesitara más adelante. Ame la llevó rodeando el jardín interno hasta una pequeña habitación que daba al borde del estanque. Realmente era grande el estanque. En el suelo de madera de aquella habitación, se encontraba sentada una anciana tomando, lo que parecía, una taza de té. Tenía los cabellos blancos y usaba un kimono de colores grises. Cuando se acercaron, la mujer alzó la cabeza y Lis se dio cuenta de que estaba ciega. Bueno, por lo menos eso indicaban los ojos completamente blancos, que le daban una apariencia por demás misteriosa y un poco aterradora. -           Ame, querida, puedes dejarnos sola Ame la miró dudando, pero Amarilis le indicó con una afirmación de la cabeza que estaba bien. Ame dio una reverencia y se alejó. Lis caminó hasta la anciana y se sentó cobre el cojín que estaba disponible frente a ella. De improviso otra taza de té apareció sobre la pequeña mesa. -           Para ti -le dijo la anciana -           Gracias, soy Amarilis. -           Hermoso nombre de una flor. Como el té que bebemos - le dijo tomando un sorbo e invitándola a probarlo- es flor de loto Amarilis tomó un poco y le gustó. La hizo sentirse bien y le llenó de una paz que hace tiempo no sentía. -           Esta flor crece en medio del fango, del lodo y sin embargo se alza hermosa y vibrante hacia el cielo. Es como tú – bebió un poco más de su taza- Te preguntarás quién soy. Amarilis, simplemente, la observó. Y mantuvo el silencio. Ahora y antes no fui más que una persona vieja. Pero que en esta vida tiene una misión, igual que todos nosotros. Yo fui la te recibió en este mundo - Amarilis recordó leer en el diario de su madre sobre la anciana partera, no pensó que la conocería - pero eso no fue mi única misión. -            ¿por qué....? -           ¿Por qué estoy aquí? ¿Por qué me presento ante ti? -           He vivido entre los doce, no soy parte de ustedes, pero al mismo tiempo mi presencia es necesaria. Soy una bruja, hechicera, vidente, pitonisa o el nombre que puedas imaginarte. Suelen llamarme Wupó.   Y para reafirmar el nombre, el viento enloqueció, se hizo más frío  y violento, moviendo las hojas de los árboles próximos. -            He venido a verte porque es momento de que hables contigo misma. Con tu primera versión. -           Ya la he visto -le informó Lis, mostrándole la piedra. -            Es verdad, la parte que se quedó atrapada en la piedra. No será muy difícil. Hay un motivo por el que todos estamos aquí. Debes encontrar ese motivo. Escucha mi voz. Mientras Wupó hablaba, Amarilis sintió que ya no habitaba su cuerpo. Se encontró parada al borde del estanque, mirando directamente a los ojos de la escultura del dragón. De pronto, este se movió y se elevó por los aires haciendo graciosas piruetas y de­ jando pequeñas gotas de agua que brillaban como cristales a luz de la luna. Lis estiró la mano, queriendo tocarlo, el dragón llegó hasta ella y la traspasó. Sintió una calidez en su pecho y cuando levantó la vista se vio, nuevamente, ya no en forma de dragón, sino a la mujer de sus visiones. Debes proteger a las personas importantes, sino lo logras, destruirás todo, incluido tu amor. Es otra oportunidad, tu corazón se ha limpiado lo suficiente del agua contaminada es momento de alzarte, Dragón. Ten cuidado con quienes amas que ese amor puede ser el causante de tu final. Es otra oportunidad. No lo olvides. La presencia desapareció y Amarilis se encontró al borde del estanque-laguna, se volteó a mirar al dragón, pero la escultura seguía en su lugar: fría e inmóvil en la distancia. Se acordó de Wupó, pero ya no estaba. Solo quedaban las tazas humeantes como indicio de su presencia. La buscó en la habitación, pero no había nadie. Igual que su visión, se había esfumado. ¿Qué habrá querido decir la visión? Ya había perdido a las personas que más amaba, sus padres. No le quedaba nadie. Inmediatamente la imagen de unos ojos color miel y una sonrisa cautivante le vinieron a la mente. -            ¡Basta! - se tapó los ojos -no eres una adolescente. Decidió regresar por el camino que había seguido con Ame. A la entrada de la casa principal logró ver a su amiga esperándola en la entrada. Ella se acercó apenas la vio aparecer. -            ¿Qué tal? Aterradora ¿no? – -            Algo...sí -            Yo le tuve miedo cuando la vi la primera vez, bueno era muy niña, diez años creo que tenía. -            ¿Ya la habías visto? - Le consultó Amarilis -            Sí, todos, la hemos visto por lo menos una vez. Nos lee el futuro y nos conecta con nuestras primeras presencias. Yo vi a Gonji, me dijo que debo ayudarte. Aunque aún no lo sé exactamente. Por eso sabía que seríamos buenas amiga- le sonrío a Lis. -            Claro que sí - le confirmó Amarilis. - ¡Vamos! Nos deben de estar esperando.
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